La NFL nos ha regalado el guion perfecto para el Super Bowl LX: el choque entre la resiliencia de Seattle y la renovada mística de New England. Los Seahawks, comandados por un Sam Darnold que ha silenciado a sus críticos con una actuación de 346 yardas frente a los Rams, regresan a la gran cita tras una década de sequía. El destino les pone frente a sus verdugos del 2015. Seattle no solo busca un trofeo, busca exorcizar el fantasma de la última jugada de Tom Brady, y lo hace con una defensa que demostró ser un muro de acero al frenar a Matthew Stafford en la zona roja. Es el clásico escenario de "redención total": un quarterback que pasó por el olvido ahora tiene la oportunidad de reclamar el trono en Santa Clara.
Por otro lado, los Patriots han logrado lo que muchos consideraban imposible: cruzar el desierto post-Brady y alcanzar el Super Bowl en tiempo récord bajo el mando de Mike Vrabel. En una batalla épica contra la nieve en Denver, el joven Drake Maye demostró que tiene el "gen de ganador" necesario para liderar a la franquicia de Foxborough. Pero ojo al dato clave: la victoria se selló con el sello latino de Christian González, cuya intercepción final no solo aseguró el boleto, sino que envió un mensaje claro a toda la liga: esta defensa gana campeonatos. Estamos ante un duelo donde la experiencia contra la juventud y la sed de revancha histórica serán el motor de un Super Bowl que promete romper todos los niveles de audiencia. ¡La mesa está servida y el morbo es el plato principal!
