¡Se soltaron los leones y la capital es un solo grito, señores! El Escogido acaba de escribir otra página de oro en el libro de nuestra pelota invernal al blanquear 1-0 a los Toros del Este, sellando así su corona número 18 y un bicampeonato que sabe a gloria. En un Estadio Quisqueya Juan Marichal que vibraba con el misticismo del número 27 —homenajeando al eterno "Dandy" Juan Marichal—, Sócrates Brito se vistió de héroe de película. Con la misma frialdad con la que despachó al Licey el año pasado, Brito pegó un salto en la pared del jardín derecho para capturar el último suspiro de Jeimer Candelario, congelando el marcador y desatando el "rugido" de una fanaticada que sabe lo que es sufrir para gozar.
Este equipo "Duro de Matar", que entró a los playoffs con el último aliento, demostró que en el béisbol dominicano no es como se empieza, sino cómo se termina. Bajo la dirección magistral de Ramón Santiago y la astucia de Carlos Peña en la gerencia, los melenudos jugaron un béisbol de fundamentos y "corazón de león". El venezolano Alcides Escobar se llevó el MVP con una defensa que parecía una aspiradora en la antesala y un bate oportuno que promedió .333. Anoche, la mínima fue suficiente: una carrera fabricada con agresividad en el primer inning y un relevo de Jefri Yan que montó su show habitual en la lomita para apagar las esperanzas taurinas. ¡Recojan, que el Escogido es el dueño del patio y la 18 ya está en la vitrina!
