Por José Manuel Jerez
Una guerra abierta en Irán —y, sobre todo, la amenaza o interrupción del tránsito por el Estrecho de Ormuz— constituye un “shock” externo de primer orden: encarece la energía, eleva la aversión al riesgo y reconfigura los flujos comerciales y financieros globales. Para la República Dominicana, economía pequeña y abierta, ese tipo de choque no se queda en el plano geopolítico; se traduce en impactos concretos sobre precios, crecimiento y estabilidad macroeconómica.
El primer canal de transmisión es energético y, por tanto, macroeconómico. Combustibles más caros elevan los costos de transporte, logística, alimentos y generación eléctrica. Dado que el país depende en gran medida de la importación de hidrocarburos, cualquier escalada sostenida en el precio internacional del petróleo se transforma rápidamente en inflación importada y pérdida de poder adquisitivo. Ello afecta tanto a los hogares como a la estructura de costos del sector productivo.
El segundo canal es fiscal. Cuando los precios internacionales suben de manera abrupta, el Estado enfrenta un dilema: trasladar el aumento al consumidor —con el consiguiente impacto social— o asumir parte del costo mediante subsidios y compensaciones, lo que presiona el déficit fiscal. En un contexto de guerra prolongada, el margen de maniobra se reduce y el costo de estabilizar precios internos se vuelve más oneroso y persistente.
El tercer canal es externo. Una mayor factura petrolera tensiona la balanza de pagos y puede ampliar el déficit en cuenta corriente si no es compensado por mayores ingresos en turismo, exportaciones o remesas. El encarecimiento de la energía afecta la competitividad y puede generar presiones sobre el tipo de cambio, especialmente si el entorno internacional se torna más incierto.
El cuarto canal es financiero. En escenarios de conflicto geopolítico, los mercados tienden a refugiarse en activos considerados seguros, lo que fortalece el dólar y encarece el financiamiento para economías emergentes. Para la República Dominicana, ello podría implicar mayores costos de endeudamiento soberano y corporativo, así como un endurecimiento de las condiciones crediticias.
El quinto canal es logístico-comercial. La disrupción de rutas estratégicas no solo impacta el petróleo, sino también el gas natural y el transporte marítimo global. Esto puede traducirse en mayores costos de generación eléctrica, encarecimiento de insumos importados y retrasos en cadenas de suministro que afectan sectores clave de la economía nacional.
El sexto canal es el turismo, uno de los pilares del crecimiento dominicano. Un aumento sostenido en los precios del combustible encarece los boletos aéreos y reduce el ingreso disponible en los principales mercados emisores, lo que puede traducirse en menor flujo de visitantes o estancias más cortas. El impacto sería directo sobre empleo, divisas y recaudación.
El séptimo canal son las remesas y el ciclo económico de Estados Unidos. Si la guerra en Irán genera presiones inflacionarias globales que obliguen a mantener tasas de interés elevadas por más tiempo, podría desacelerarse la economía estadounidense, afectando el empleo de la diáspora dominicana y, en consecuencia, el flujo de remesas hacia el país.
En términos agregados, el efecto dependerá de la duración e intensidad del conflicto. Un episodio breve de volatilidad puede ser absorbido por la resiliencia macroeconómica acumulada. Sin embargo, una guerra prolongada con interrupciones recurrentes en el suministro energético representaría un cambio estructural del entorno internacional, con efectos más profundos sobre crecimiento, inflación y estabilidad financiera.
Frente a ese escenario, la respuesta no puede ser improvisada. Es imprescindible acelerar la diversificación de la matriz energética, fortalecer los mecanismos de gestión de riesgos y diseñar políticas fiscales focalizadas que protejan a los sectores más vulnerables sin comprometer la sostenibilidad macroeconómica. En tiempos de guerra, la República Dominicana no puede determinar el precio internacional del petróleo, pero sí puede decidir cuán preparada estará para enfrentar sus consecuencias.
