Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Dos dominicanas —Aris Espinosa y Maria Esther Garcia Polanco— aparecieron en la prensa judicial italiana y en actos de investigación vinculados al caso de las “cene eleganti” de Arcore, un universo donde el poder político, el dinero y la intimidad se cruzaron de forma opaca cuando Silvio Berlusconi fue sacado del poder e investigado hace un decenio.
Su presencia documentada en ese entorno —según reconstrucciones de Il Fatto Quotidiano y La Repubblica— obliga a situar el fenómeno italiano dentro de una discusión más amplia, inevitablemente comparada con el caso de Jeffrey Epstein: redes de relaciones privadas alrededor del poder, zonas grises entre consentimiento, beneficio económico y posibles delitos, y una verdad judicial que, aun cuando avanza, rara vez logra cerrar por completo el círculo.
En Italia, como en Estados Unidos, hay historias que no terminan cuando se apagan las luces. Continúan en los tribunales, en las interceptaciones telefónicas, en los registros de llamadas y desplazamientos, en las páginas densas de los diarios donde el escándalo deja de ser espectáculo para convertirse en documento.
El llamado “bunga bunga”, simplificación mediática de reuniones privadas en la residencia de Arcore, tuvo como figura central a Silvio Berlusconi.
Pero alrededor de él se configuró un sistema más complejo, donde la intermediación fue clave, y donde destaca Nicole Minetti, ex consejera regional de Lombardía, señalada en sentencias como facilitadora de contactos y organización de presencias.
Los procesos judiciales —Ruby, Ruby bis y Ruby ter— no constituyen una sola historia, sino varias capas de una misma realidad. En las primeras fases, la atención se concentró en las acusaciones relacionadas con prostitución y en la figura de Karima El Mahroug.
Sin embargo, en la fase denominada Ruby ter, como documentó Il Fatto Quotidiano el 24 de marzo de 2015, el eje se desplazó hacia la hipótesis de corrupción en actos judiciales: la sospecha de que algunas participantes habrían recibido dinero o beneficios a cambio de silencio o de testimonios favorables.
Es en ese expediente donde el nombre de Aris Espinosa adquiere densidad probatoria. Los documentos citados por la prensa italiana la sitúan entre las jóvenes con mayor número de presencias en Arcore, vinculada a desplazamientos coordinados y a conversaciones interceptadas por la policía judicial.
En esas llamadas, donde el poder se reduce a apodos —“Papi”, “nano malefico”— se revela no solo cercanía, sino pertenencia a un círculo donde la frontera entre lo público y lo privado se disuelve.
La investigación describe además mecanismos de coordinación entre las participantes, incluyendo grupos en redes sociales para comunicarse y organizar encuentros.
Esa dimensión organizativa sugiere que no se trataba únicamente de eventos aislados, sino de una red sostenida en el tiempo, con dinámicas internas de comunicación y lealtad.
En ese mismo universo aparece la segunda dominicana, Maria Esther Garcia Polanco, conocida como Marysthelle Polanco.
La Repubblica la identifica con nombre completo dentro del conjunto de participantes del caso Ruby, mientras que Il Fatto Quotidiano la describe como una presencia frecuente en las veladas de Arcore. En interceptaciones telefónicas citadas por la prensa, se le atribuye un tono de cercanía con Berlusconi, al que llamaba “amore”, y se señala que Minetti le solicitaba llevar “alguna amiga linda” a las reuniones.
Esa frase, aparentemente banal, sugiere una lógica de incorporación continua de nuevas participantes mediante redes personales.
El cuadro se completa con otros nombres recurrentes en los actos judiciales y en la cobertura mediática: Barbara Guerra, Alessandra Sorcinelli, Eleonora De Vivo, Imma De Vivo, Linsey Dawn McKenzie, entre otras. Muchas de ellas fueron denominadas por los medios como las “olgettine”, en referencia a la zona de Milán donde residían.
No todas fueron condenadas ni consideradas culpables en términos definitivos, pero todas formaron parte de ese entorno que la fiscalía intentó reconstruir.
Uno de los elementos más reveladores, subrayado por La Repubblica, es el uso de datos de telefonía móvil para rastrear presencias en Arcore.
A través del análisis de celdas telefónicas, los investigadores establecieron patrones de visitas repetidas, confirmando la frecuencia con la que algunas participantes —incluida Aris Espinosa— se desplazaban a la residencia.
Sin embargo, como en el caso Epstein, la historia no concluye en una verdad única. La evolución judicial posterior, recogida por La Repubblica y Il Fatto Quotidiano, muestra un panorama fragmentado: anulaciones parciales, prescripciones y nuevos juicios de apelación. Algunas acusaciones por falsa testificación quedaron extinguidas con el tiempo; otras, relacionadas con corrupción en actos judiciales, continuaron su curso. La justicia avanzó, pero no logró cerrar completamente el relato.
Y aun así, más allá de las sentencias, queda la estructura. Un sistema donde el poder político generó espacios privados de interacción; donde jóvenes —italianas y extranjeras— fueron incorporadas a ese entorno; donde circularon dinero, favores y promesas; y donde esas mismas relaciones se trasladaron al terreno judicial, donde el silencio podía adquirir valor.
Italia observó este fenómeno con una mezcla de fascinación y escándalo. Los diarios —Il Fatto Quotidiano, La Repubblica, Corriere della Sera— no solo informaron, sino que reconstruyeron, con paciencia casi forense, una realidad sostenida por miles de páginas de documentos, interceptaciones y testimonios.
Indulto a Nicole Minetti
Hoy, cuando aparece una noticia como el indulto concedido a Nicole Minetti por razones humanitarias por Sergio Mattarella, la tentación es simplificar la historia en términos morales.
Pero la comparación con Epstein recuerda algo más profundo: estos no son episodios aislados, sino manifestaciones de cómo el poder, en distintos contextos, puede crear espacios cerrados donde las reglas comunes se suspenden o se reinterpretan.
Y en ese retrato, los nombres —Aris Espinosa, Maria Esther Garcia Polanco, Nicole Minetti— no son meras anécdotas.
Son fragmentos de una historia mayor, donde la verdad no se presenta como una sentencia definitiva, sino como un mosaico de documentos, indicios y silencios.
Un eco persistente que, como en Arcore y como en otros rincones del poder global, sigue resonando mucho después de que termina la noche.
