
La Alcaldía del Distrito Nacional intentó algo necesario en la Avenida Los Próceres: reducir la velocidad para salvar vidas. Sin embargo, el plan duró apenas unos días. Al final, el "grito" del tapón fue más fuerte que la planificación, dejando a los ciudadanos atrapados en la misma frustración de siempre.

No es la primera vez que pasa, ya que este retroceso se suma a una lista de intentos que se quedaron a mitad de camino:
Los Próceres: Un plan piloto que colapsó el acceso a universidades y residenciales, retirado casi de inmediato.
Ciclovía de la Av. Winston Churchill: Un sueño de movilidad sostenible que terminó desmantelado en tramos clave por falta de seguridad y conflicto con los vehículos.
Cambios en el Polígono Central: Giros y sentidos en sectores como Piantini que tuvieron que revertirse tras convertir calles tranquilas en nudos imposibles.
¿Qué nos duele como ciudadanos?
La sorpresa como norma: Sentimos que las medidas llegan sin avisar, sin una campaña que nos explique el "porqué" antes de lanzarnos al caos.
La falta de firmeza: Ver que un plan técnico se retira por presión en redes sociales nos hace dudar: ¿Había un estudio real o fue una ocurrencia del momento?
El costo de intentar: Cada ensayo fallido es tiempo que perdemos con nuestra familia, Gasto de combustible y la sensación de que la ciudad no tiene un norte claro.
En conclusión: Queremos una ciudad moderna y segura, pero no a base de improvisaciones. El Ayuntamiento del Distrito Nacional debe entender que transformar el tránsito requiere valentía, pero sobre todo, una ejecución que respete el tiempo y la vida de quienes recorremos estas calles todos los días.
