Las Fuerzas Armadas de Irán atacaron este lunes la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y la sede de la Fuerza Aérea en Tel Aviv con misiles Khyber, en respuesta al asesinato del líder supremo Alí Jameneí y cuatro altos mandos iraníes a causa de una agresión conjunta de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero.
Las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán, a través de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), confirmaron este lunes el ataque selectivo con misiles Khyber contra la oficina del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, en Tel Aviv. Esta ofensiva, enmarcada en la décima oleada de la operación "Promesa Verdadera 4″, tuvo como blanco principal la zona gubernamental de la ciudad, así como la sede del comandante de la Fuerza Aérea del régimen sionista.
Esta contundente acción de defensa iraní surge como una represalia directa ante la agresión conjunta y premeditada lanzada por Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero. Dicha ofensiva provocó la muerte del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, además de otros cuatro altos mandos militares cruciales para la defensa de la nación persa. La gravedad de este acto, considerado una flagrante violación de la soberanía iraní, desató una profunda condena en Teherán y una inmediata promesa de respuesta.
La respuesta de Teherán no se ha limitado únicamente a Israel. En un movimiento estratégico que evidencia la amplitud de sus capacidades de represalia, Irán también ha dirigido ataques contra diversas bases militares estadounidenses ubicadas en países de la región. Instalaciones en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait han sido impactadas, demostrando la capacidad de disuasión de Irán y la voluntad de responder a las agresiones de sus adversarios en Múltiples frentes.
Desde el ámbito internacional, la condena al asesinato de Alí Jameneí ha sido enérgica, particularmente por parte de Rusia. El presidente Vladímir Putin calificó la acción como un "acto cínico" que vulnera de forma categórica el derecho internacional, haciendo un llamado a la responsabilidad de los actores involucrados.
En la misma línea, la Cancillería rusa describió la operación de Estados Unidos e Israel como una "agresión planificada y no provocada". Esta intervención, según Moscú, interrumpió de manera abrupta y perjudicial procesos de negociación diplomática que podrían haber contribuido a la desescalada, elevando la crítica a la unilateralidad de las acciones y sus consecuencias imprevisibles para la paz y la seguridad global.
