Por José Manuel Jerez
En el sistema internacional contemporáneo, el poder no se explica únicamente por variables clásicas como el territorio, la población o la capacidad militar, sino por el control efectivo de las rutas marítimas. En este contexto, los estrechos emergen como verdaderos nodos estratégicos donde la geografía se convierte en poder político y económico.
Estos espacios, conocidos en la literatura geopolítica como “choke points”, concentran flujos comerciales, energéticos y logísticos de carácter vital. Su relevancia radica en que cualquier interrupción, ya sea por conflicto, sabotaje o crisis política, puede desencadenar efectos sistémicos a escala global.
El estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb y Malaca constituyen ejemplos paradigmáticos de esta lógica estructural. En ellos convergen intereses de potencias globales, actores regionales y corporaciones energéticas, configurando escenarios de alta sensibilidad geopolítica.
Desde la perspectiva teórica, Alfred Thayer Mahan ya advertía que el dominio de las rutas marítimas era condición indispensable para la hegemonía global. En el siglo XXI, esta premisa se mantiene vigente, aunque en un contexto de interdependencia económica sin precedentes.
Asimismo, autores como Nicholas Spykman y Zbigniew Brzezinski han subrayado la importancia de los espacios intermedios y las zonas de tránsito en la configuración del poder mundial. Los estrechos, en este sentido, funcionan como puntos de articulación del sistema internacional.
El control de estos pasos marítimos no implica necesariamente soberanía directa, sino capacidad de influencia, disuasión y proyección estratégica. Estados como Irán o Turquía han demostrado cómo la posición geográfica puede traducirse en poder político desproporcionado.
Las tensiones actuales en regiones como Medio Oriente y el Indo-Pacífico evidencian que los estrechos son potenciales escenarios de conflicto. La militarización de estos espacios refleja su importancia en la competencia entre grandes potencias.
En términos económicos, estos puntos concentran una parte significativa del comercio global, especialmente en lo relativo a hidrocarburos y mercancías estratégicas. Su estabilidad es, por tanto, condición indispensable para el funcionamiento del sistema capitalista global.
En conclusión, los estrechos marítimos no son simples accidentes geográficos, sino estructuras críticas del orden internacional. Comprender su dinámica es fundamental para analizar el poder en el siglo XXI.

Se trata de un análisis objetivo y realista, del efecto que ha producido, a nivel internacional, el fin de las barreras ideológicas y que enfrentaba dos sistemas políticos y económicos, antagónicos: Socialismo vs. Capitalismo. La globalización de la economía , que ha seguido al fin de la guerra fría, da lugar a que se incremente esta importancia estratégica de los estrechos marítimos, lo cual nos da a conocer el autor de este artículo, de manera sucinta, pero con gran profundidad y brillantez.