Por José Manuel Jerez
El discurso pronunciado por el expresidente Leonel Fernández en la juramentación de José del Castillo Saviñón y Charinée Ovalles trasciende el acto protocolar y se convierte en una advertencia política directa frente al deterioro de la gestión pública bajo el gobierno del Partido Revolucionario Moderno (PRM). En un escenario marcado por la improvisación y la ausencia de planificación, Fernández habló con la autoridad que otorga la experiencia de Estado.
Mientras el gobierno actual insiste en administrar a base de anuncios y rectificaciones constantes, el discurso de Leonel Fernández evidencia la diferencia entre gobernar y simplemente ocupar el poder. Su intervención puso en relieve que la crisis institucional que vive el país no es producto del azar, sino de una conducción errática y sin visión estratégica.
Fernández dejó claro que el ejercicio del poder exige planificación, coherencia y capacidad técnica, elementos ausentes en una administración que ha convertido el ensayo y error en norma. Las decisiones improvisadas y los programas mal diseñados del PRM han debilitado la credibilidad del Estado y erosionado la confianza ciudadana.
La gestión gubernamental actual se caracteriza por bandazos administrativos, obras inconclusas y una preocupante incapacidad para ejecutar políticas públicas sostenibles. Esta precariedad no solo afecta la eficiencia del Estado, sino que profundiza la percepción de desgobierno en amplios sectores de la sociedad.
Frente a un oficialismo que evade responsabilidades y rehúye la autocrítica, Leonel Fernández asumió el rol de liderazgo opositor que reclama el momento histórico. Su discurso no se limitó a la denuncia, sino que reivindicó la necesidad de recuperar la planificación estratégica, la profesionalización y el respeto a la institucionalidad.
El contraste es evidente: mientras Leonel Fernández plantea una visión estructurada de país, el PRM continúa gestionando el Estado sin prioridades claras, sin metas verificables y sin un horizonte estratégico definido, agravando la crisis administrativa.
Este discurso confirma que la crisis actual no se resolverá con ajustes cosméticos, sino con un cambio profundo en la forma de gobernar. La improvisación sistemática, la falta de dirección y el agotamiento del modelo de gestión del PRM constituyen hoy el principal obstáculo para el desarrollo económico e institucional del país.
En definitiva, la intervención de Leonel Fernández no solo refuerza su liderazgo político, sino que desnuda con claridad las debilidades estructurales del gobierno actual. Frente al colapso administrativo y la ausencia de visión estratégica, su discurso se erige como una advertencia firme y una referencia obligada para la reconstrucción del Estado dominicano.
