Por José Manuel Jerez
La historia electoral de la República Dominicana demuestra que la mayoría de los triunfos presidenciales no han sido el resultado de grandes alianzas electorales, sino de la fortaleza interna de partidos con vocación mayoritaria, liderazgos consolidados y una narrativa política capaz de conectar directamente con las aspiraciones del electorado.
En el caso del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), sus victorias más significativas se produjeron en contextos de liderazgo carismático y coyunturas de ruptura política, más que como consecuencia de coaliciones amplias. El peso simbólico de cambio de la situación imperante y la figura del candidato fueron determinantes para canalizar mayorías sociales.
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) consolidó su hegemonía electoral entre 2004 y 2016 apoyándose esencialmente en su estructura partidaria, disciplina organizativa y liderazgo presidencial fuerte. Bajo el liderazgo de Leonel Fernández, el PLD se convirtió en un partido de mayoría nacional, capaz de ganar elecciones sin depender de grandes alianzas, sustentado en una visión de Estado, estabilidad política y crecimiento económico.
Las victorias presidenciales encabezadas por Leonel Fernández evidencian con claridad que, en el sistema político dominicano, el liderazgo histórico y la construcción de un proyecto nacional coherente pesan más que la suma mecánica de apoyos partidarios. Su capacidad de articular poder político, institucional y social convirtió al PLD de entonces en un eje central del sistema, no en un simple actor de coalición.
El Partido Revolucionario Moderno (PRM), aunque en un contexto distinto, reproduce parcialmente este mismo patrón. Sus triunfos recientes se explican más por el agotamiento del ciclo peledeísta, el voto castigo y la concentración del poder electoral en torno a su candidatura principal, que por la eficacia real de grandes alianzas.
La Fuerza del Pueblo (FP) surge precisamente de esta lectura histórica y de esa experiencia de gobierno. Bajo el liderazgo de Leonel Fernández, la FP asume que las mayorías políticas sostenibles no se improvisan ni se alquilan mediante coaliciones circunstanciales, sino que se construyen desde la identidad, la coherencia programática y un liderazgo con trayectoria, visión y credibilidad histórica.
El comportamiento del electorado dominicano confirma un rasgo estructural del sistema: su preferencia por proyectos con dirección clara y liderazgo reconocible. Las alianzas artificiales, carentes de un eje político fuerte, tienden a diluir responsabilidades y a generar desconfianza ciudadana.
De cara al escenario electoral de 2028, esta realidad adquiere una dimensión estratégica decisiva. La disputa no se definirá por quién logre reunir más siglas, sino por quién sea capaz de encarnar una alternativa nacional sólida, con liderazgo probado, discurso coherente y capacidad real de reconstruir la confianza social.
Para la Fuerza del Pueblo, el desafío y la oportunidad son evidentes. Consolidarse como el eje mayoritario de la oposición y proyectarse como opción de gobierno pasa, necesariamente, por reafirmar el liderazgo histórico de Leonel Fernández y su experiencia de Estado. En la República Dominicana, las elecciones presidenciales no las ganan las grandes alianzas; las ganan los liderazgos capaces de convertirse en mayoría política real.
