
P. Francisco Benito Alvarado Herrera Vicario Episcopal de la Pastoral de Adolescencia y Juventud
ENFOCO: Iglesia pide perdón por sus "proyectos personales" y denuncia falsos profetas en las redes sociales
SANTO DOMINGO.– En un inicio punzante y cargado de autocrítica, el Sermón de las Siete Palabras 2026 arrancó en la Catedral Primada de América con una reflexión que no dejó indiferente a ningún sector de la sociedad dominicana. El Padre Francisco Benito Alvarado Herrera, Vicario Episcopal de la Juventud, tuvo a su cargo la primera palabra: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34).
Lejos de un discurso meramente teológico, el Padre Alvarado Herrera utilizó el púlpito para lanzar un duro cuestionamiento tanto a la propia institución eclesiástica como a los "vicios modernos" que pervierten a la juventud y la infancia en la era digital.
En un gesto de humildad institucional, el sacerdote clamó por el perdón de la Iglesia cuando esta se distrae en proyectos personales que no se alinean con el Evangelio.
"Perdona a tu Iglesia, Señor, si ocasionalmente ignora a los más pequeños y excluidos, resultando ser mejor amigo del funcionario y el escritorio que del enfermo, el anciano, el inmigrante y el encarcelado", sentenció Alvarado ante la mirada atenta de la feligresía.
Denunció además los espacios de "angustia y dolor" en los que a veces se convierte la institución, en lugar de ser refugio de seguridad para los vulnerables.
Como responsable de la Pastoral de Juventud, el Padre Francisco Benito dirigió sus dardos hacia el mundo digital. Alertó sobre cómo miles de jóvenes son arrastrados por la "mentira de las redes sociales" y por influencers que actúan como falsos profetas.
Según el vicario, estas plataformas promueven un "relativismo de la verdad" y un "culto al cuerpo" que anula el ser interior, edificando una idea falsa de felicidad sobre el vacío del corazón. Asimismo, lamentó que las pantallas estén sustituyendo la atención de padres y madres, dejando la formación de los niños en manos de contenidos que solo buscan monetizar la "podredumbre".
El sermón abordó con crudeza la realidad de la violencia de género y el auge de las armas en las calles dominicanas. El sacerdote señaló directamente a los organismos de control, acusándolos de incapacidad y complicidad en el lucro del alcohol, las drogas y el fácil acceso a armamento, incluso en edad escolar.
"Ya no hay distancia ni campo lejano donde nos libremos de encontrar hombres y mujeres sumergidos en estos vicios… armas que se mueven de mano en mano desde el que tiene la responsabilidad de controlarla hasta el que no tiene capacidad mental para usarla".
En el cierre de su intervención, el Padre Alvarado Herrera hizo una radiografía de las carencias sociales, mencionando al inmigrante rechazado y al enfermo sin seguridad social. Criticó a los funcionarios que priorizan la "publicidad gubernamental" y los "acuerdos extraoficiales" por encima de las causas reales.
"Perdona a los que salvan el puesto pero no el servicio, los que salvan el partido pero no la patria, los que salvan la institución pero no al hombre herido en su dignidad", exclamó, cerrando con un llamado a una fe que no tenga miedo a la cruz ni al compromiso social.
PRIMERA PALABRA: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc. 23,34)
La condena a muerte de Jesús se ha concretado después del esfuerzo incansable de aquellos que le acusan y planifican su derrota, la ignorancia cierta del pueblo y la astucia del malvado coinciden para que el inocente muera, ¿quién puede salvar al inocente de las manos de los malvados? Jesús abrazó en su totalidad el papel del vulnerable, pero en medio de todo el éxito de los que conspiran en su contra, el inocente Jesús va salvando, va haciendo nueva todas las cosas (Ap 21,5), va cumpliendo con la voluntad de su padre (Jn 6,38). Esa es la razón por la que, en medio del dolor, Jesús tiene las fuerzas para interceder por sus propios victimarios, aclamando: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”, un grito que nace de un corazón divino, que no se complace en la muerte del pecador sino, en la salvación que Él con su propia sangre garantiza (Ez 33,11). La Iglesia se abre a la misericordia y clama por el perdón, por las veces que ignora la verdad y voluntad de Jesús, entretenida en proyectos personales, que no siempre se alinean con el Evangelio y sus exigencias. Perdónala si ocasionalmente ignora los más pequeños y excluidos de la sociedad, resultando ser mejor amigo del funcionario y el escritorio que, del enfermo, el anciano, el inmigrante, el encarcelado y el pecador penitente en las puertas. Perdona tu Iglesia Señor que olvida la horizontalidad del Evangelio, que nos invita a ser hermanos de todos, recordándonos que las diferencias nos complementan y nos hacen más fuertes. Perdónala, Señor, cada vez que tu Iglesia no está presente en el camino que el hombre concreto de la sociedad de hoy la necesita, perdona tu Iglesia cuando en vez de ser espacio de seguridad para los más pequeños, se ha convertido en espacio de angustia y dolor. Nuestro camino más seguro es pedirte perdón y postrarnos ante tu misericordia. Perdona tu Iglesia Señor porque no sabe lo que hace. El clamor de Jesús invita a unirse en oración intercesora, para pedir por los que ignoran la verdad del evangelio, y fruto de eso se refugian en la clandestinidad del pecado no entendido, ni reconocido. Cuántos jóvenes hoy son arrastrados por la mentira de las redes sociales, plataformas digitales e influencers que se convierten en falsos profetas, que con sus palabras y actitudes dan signos del vacío que llevan en el corazón, así edifican tanto para ellos como para sus seguidores, una falsa idea de la felicidad, un relativismo de la verdad, una concepción errónea de la libertad y un culto al cuerpo que mata en su totalidad el ser interior que llevan dentro. “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. De igual manera ocupa la atención el cuidado de los niños frente a las nuevas tecnologías, la inocencia que se pone en riesgo a cada segundo en las pantallas que sustituyen la atención de padres y madres, distraídos en sus intereses particulares, así el agente de formación de referencia del niño y niña en etapa de aprendizaje está detrás de la pantalla y no en el seno de una familia que vela día a día por la vida integral de las personas. Desde esa mirada terminan siendo víctimas visible y consumidores de la podredumbre que se vuelve contenido y el contenido que se vuelve moneda, pero que no aporta en nada a la edificación del hombre que asume los retos y desafíos de la sociedad de hoy, en el país que queremos y la Iglesia que necesitamos, sino que llena las cuentas y el egocentrismo del sutil malvado que no le importa dañar para lograr sus objetivos. “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Calle Isabel La Católica # 55, Apdo. P. 186 • RNC-43012846-5 Ciudad Colonial, Sto. Dgo. Rep. Dom. • Tel.: (809) 682-3810 prensa.arzobispadosd@gmail.com • www.arquidiocesisd.org El valor trascendental e insustituible de la vida humana sigue siendo ignorado por muchos en la sociedad, es el pecado que acompaña al hombre en el transcurrir de la historia, olvidar quién nos ha creado y para qué nos ha creado, para la comunión con Él y el amor al prójimo. La violencia en todas sus dimensiones es la amenaza más despiadada contra la vida humana. Como consecuencia de eso duele reconocer que el hombre como ser masculino, no termina de entender que no es dueño de la vida y la libertad de las mujeres, penosamente sigue manchando sus manos con sangre y dejando dolor histórico en niños, con una orfandad impuesta, hogares destruidos y familias marcadas por el odio y el deseo de venganza. Acompaña esta realidad el acceso a las armas, las drogas y el alcohol que sigue siendo un proceso fácil y lucrativo, gracias a la incapacidad y complicidad de quienes conforman los organismos de control, que penosamente resulta difícil desligarlos de la responsabilidad, ya no hay distancia ni campo lejano, donde nos libremos de encontrar hombres y mujeres sumergidos en estos vicios, ni edad alguna, ni capacidad económica para encontrarnos con jóvenes en edad escolar armados, armas que se mueven de mano en mano, de arriba hacia abajo, desde el que tiene la responsabilidad de controlarla hasta el que no tiene capacidad mental para usarla, amenazando y arrancándoles la vida a cualquier ciudadano inocente. “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”, pero mira señor los que más sufren y son sometidos por encima de su voluntad al dolor desesperante que se les hereda como consecuencia de la violencia. Si algo nos consuela es que el perdón de Jesús está por encima de cualquier juicio humano, la misericordia de Dios no está prisionera en los ritos y muros de los templos, alcanza al que está lejos y al cercano. El perdón de Dios no se limita a fronteras territoriales y/o existenciales, su amor se pone por encima del pensamiento del malvado, porque su reino no es de este mundo (Jn 18,36). Ayuda señor a que se ponga la mirada en tu reino para entender que las líneas fronterizas no se marcan en los corazones, que la cultura y la historia nos puede hacer diferentes, pero no mejores o superiores, que la ley nunca puede estar por encima de la dignidad humana. Donde se ignora esa verdad hay que decir “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”, porque no saben que tú habitas en el inmigrante hambriento, inseguro y rechazado. Porque no saben que en el enfermo repudiado en los centros de salud, por falta de seguridad social tú sigues esperando amor, en el moribundo que por falta de salud mental es tirado a las calles, tú caminas y aguardas la atención, de aquellos que salvan más su publicidad gubernamental que asumir la causa de los más necesitados de manera real, aguardas por aquellos que se reparten el botín entre colegas en las sombras de los acuerdos extraoficiales, los que salvan el puesto pero no el servicio, los que salvan el partido pero no la patria, los que salvan la institución pero no al hombre herido en su dignidad. “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. Pero hazle justicia al pobre, al enfermo, al inmigrante, que el malvado no es capaz de mirar. El perdón que Jesús solicita al Padre salta de la individualidad a lo comunitario, la salvación se otorga en la comunidad, el hombre no se salva solo, se salva con los hermanos, por eso el que oprime, el que peca, el que aplasta es invitado a la misericordia y amor de Dios es llamado a la conversión. Perdona a cada hermano que busca salvarse solos, desentendiéndose de los demás, convirtiendo la fe en un sentimiento personal, que alivia la conciencia pecaminosa, pero que no les abre a la vida de la comunidad, perdona señor a los que promueven una fe solitaria a su estilo, Calle Isabel La Católica # 55, Apdo. P. 186 • RNC-43012846-5 Ciudad Colonial, Sto. Dgo. Rep. Dom. • Tel.: (809) 682-3810 prensa.arzobispadosd@gmail.com • www.arquidiocesisd.org a su ritmo, a su medida, sin asumir compromisos con la expansión del Reino de Dios, los que se recrean en la narrativa de lo que debe ser la Iglesia, pero ellos se quedan sentados en las periferias del crítico que confunde la fe con la moral y la ética del vivir en paz. Los que se conforman con una fe estéril que no se apropia del Evangelio para, denunciar lo que está mal y comprometer la tranquilidad, prefieren una fe sin cruz, una fe sin comunidad, una fe sin compromiso social. “Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen.” “No permitas Señor que la ignorancia cierta y la maldad planificada siga alejando a los hombres de la salvación que tú has querido otorgarnos en la cruz, que el Padre Dios acoja la plegaria que elevas por esta humanidad que sangra por las guerras y se distancia de la paz, por un medio ambiente que exige respeto y cuidado, por un país que ha promovido indirectamente la corrupción en su historia partidos tras partidos, gobiernos tras gobiernos sostenido en una democracia quebrada en su esencia, que tu súplica a la Iglesia que lucha por la unidad y la santidad en medio del mundo y que no debe dejar de pedir perdón por sus fragilidades.
“PERDÓNALOS SEÑOR PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”
P. Francisco Benito Alvarado Herrera Vicario Episcopal de la Pastoral de Adolescencia y Juventud
