
Revdo. Diácono José Ricardo Rosado Acosta
ENFOCO: Iglesia advierte sobre la "epidemia" de soledad y violencia que sufren las madres dominicanas
SANTO DOMINGO.– En una reflexión que conectó el dolor bíblico de la Virgen María con las estadísticas de feminicidios y vulnerabilidad económica en el país, el Revdo. Diácono José Ricardo Rosado Acosta presentó la tercera palabra del Sermón: “He aquí a tu hijo; he aquí a tu Madre” (Jn 19,26).
El diácono Rosado Acosta transformó el púlpito de la Catedral Primada en un espacio de análisis social y psicológico, definiendo la actitud de María al pie de la cruz como un modelo de madurez afectiva frente al "desgarro" de perder a un hijo.
La mujer dominicana: Sostén de hogar en la precariedad
El mensaje aterrizó con fuerza en la realidad local. El diácono destacó que un porcentaje significativo de los hogares dominicanos están encabezados por mujeres que, a ejemplo de María, permanecen "de pie" a pesar de cargar solas con la educación, el cuidado de ancianos y la inestabilidad laboral.
"Son rostros concretos del dolor de nuestro pueblo… historias de mujeres que permanecen en medio del sufrimiento cotidiano marcado por el abandono, la infidelidad y el peso de culturas que todavía reducen su papel a tareas invisibles", denunció Rosado Acosta.
Haciendo eco de informes sobre violencia doméstica, el diácono lamentó que en la última década las denuncias por agresiones sexuales y físicas sigan siendo una constante, culminando en la tragedia de decenas de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas cada año.
Para Enfoco, el predicador enfatizó que estas no son "cifras distantes", sino una herida profunda en el respeto a la vida que interpela directamente la fe de la comunidad cristiana.
[Image suggestion: A silhouette of a woman in prayer, representing the strength and suffering of Dominican mothers]
Desde la perspectiva de la Terapia Focalizada en las Emociones, el diácono explicó que María encarnó el concepto de "disponibilidad, responsividad e involucramiento". A diferencia de quienes huyen ante el dolor, María "sostuvo la mirada" ante la herida de su hijo, una lección de fortaleza interior que el predicador propuso como guía para la sociedad actual.
El mensaje final de la tercera palabra fue un reto directo a la Iglesia y al Estado:
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No a la orfandad espiritual: Recordar que nadie está llamado a vivir en soledad.
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Protección real: Crear estructuras donde las mujeres sean escuchadas y valoradas, especialmente ante embarazos inesperados o situaciones límite.
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Acción maternal: Que la Iglesia actúe con ternura pero defienda con "valentía" la dignidad de la mujer frente a las desigualdades estructurales.
"La fe solo es auténtica cuando se expresa en vínculos de compasión", concluyó el diácono, recordando que el legado de Jesús desde la cruz no fue una despedida, sino la creación de una comunidad que se cuida y no se abandona.
