Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
La arqueología bíblica acaba de ofrecer un nuevo descubrimiento de interés en Tel Shiloh (Silo), el yacimiento arqueológico identificado tradicionalmente con la ciudad de Silo, donde, según el Antiguo Testamento, permaneció el Arca de la Alianza durante varios siglos antes de ser capturada por los filisteos en la batalla de Afec.

Aunque el hallazgo
no guarda relación directa con el Arca, sí aporta nuevos datos sobre la larga ocupación del lugar y sobre las culturas que existieron allí mucho antes de la llegada de los israelitas.
El equipo dirigido por el arqueólogo estadounidense Scott Stripling descubrió tres grandes vasijas cananeas enterradas debajo de un depósito ritual perteneciente al período israelita.
El análisis arqueobotánico reveló que dos de las vasijas contenían aceitunas y otra lentejas, alimentos fundamentales de la dieta mediterránea desde la antigüedad.
Uno de los recipientes conservaba aproximadamente quinientos huesos de aceitunas carbonizados.
Según Stripling, un incendio accidental habría destruido aquella zona del asentamiento hace casi cuatro mil años, pero precisamente el fuego permitió preservar los restos orgánicos que hoy constituyen un material excepcional para la datación mediante carbono-14.

Los arqueólogos consideran que estos restos corresponden probablemente a la Edad del Bronce Medio (aproximadamente entre 2000 y 1550 a. C.), es decir, varios siglos antes del establecimiento israelita en Silo.
Un descubrimiento bajo un depósito ritual israelita.
El hallazgo apareció debajo de una impresionante acumulación arqueológica formada por unas diez mil piezas óseas de animales sacrificados, numerosos recipientes cerámicos y varios objetos de oro y plata, entre ellos pendientes y pequeños colgantes.

Los investigadores consideran que no se trataba de un simple vertedero de basura, sino de una favissa, un depósito ritual donde eran enterrados cuidadosamente objetos y restos relacionados con el culto religioso cuando ya no podían seguir utilizándose.
Esta práctica era conocida en diversos pueblos del antiguo Cercano Oriente y refleja el profundo respeto hacia los elementos empleados en las ceremonias sagradas.
Solo después de excavar más de dos metros de esos depósitos rituales apareció la parte superior de las antiguas vasijas cananeas.
Una ciudad ocupada durante milenios.
Uno de los aspectos más interesantes del descubrimiento es que demuestra nuevamente la extraordinaria continuidad histórica de Silo.
Mucho antes de convertirse en uno de los principales centros religiosos de Israel, ya existía allí una importante población cananea protegida por murallas y dedicada al almacenamiento de alimentos.
Los propios israelitas que siglos después establecieron allí el santuario nacional probablemente ignoraban completamente que bajo sus pies permanecían enterradas aquellas antiguas despensas pertenecientes a otra civilización.
Este fenómeno constituye uno de los rasgos más característicos de la arqueología del Próximo Oriente: ciudades reconstruidas una y otra vez durante milenios sobre los restos de ocupaciones anteriores, formando los conocidos tells o colinas artificiales.
El Arca de la Alianza y Silo.
La importancia histórica de Silo procede principalmente de la tradición bíblica.
Después de la conquista de Canaán, el Libro de Josué presenta a Silo como el lugar donde fue instalado el Tabernáculo, el santuario portátil construido durante el éxodo.
Allí permaneció el Arca de la Alianza durante buena parte del período de los Jueces.
En Silo ejerció su ministerio el sacerdote Elí y allí fue educado el joven Samuel, una de las figuras más importantes del Antiguo Testamento.
Posteriormente, durante la guerra contra los filisteos narrada en el Primer Libro de Samuel, el Arca fue llevada al campo de batalla con la esperanza de asegurar la victoria israelita.
El resultado fue exactamente el contrario: los filisteos derrotaron a Israel y capturaron el Arca, iniciando uno de los episodios más conocidos de la historia bíblica.
Nunca ha sido encontrada arqueológicamente.
Ciencia y prudencia.
Como ocurre con frecuencia en la arqueología bíblica, conviene distinguir cuidadosamente entre los datos científicos y las tradiciones religiosas.
El nuevo descubrimiento no constituye una prueba de la existencia del Arca de la Alianza ni permite localizar el antiguo santuario israelita.
Su importancia radica en otro aspecto: ayuda a reconstruir la historia material de Silo y demuestra que el lugar estuvo ocupado durante muchos siglos por diferentes culturas, proporcionando información valiosa sobre la alimentación, el almacenamiento agrícola y la vida cotidiana de los antiguos habitantes de Canaán.
Las aceitunas carbonizadas conservadas dentro de las vasijas representan ahora una oportunidad excepcional para obtener fechas radiocarbónicas muy precisas que permitirán establecer con mayor exactitud la cronología del asentamiento.
Como ocurre tantas veces en la arqueología, el hallazgo más valioso no consiste en confirmar una tradición, sino en comprender mejor el complejo desarrollo histórico de uno de los lugares más importantes del antiguo Israel.
