
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Donald Trump se encontraba el sábado 12 de septiembre de 2026 en Dublín, una ciudad en la que la política, la ciencia y la historia europea se han encontrado muchas veces.
El presidente estadounidense llegó a Irlanda para reunirse con la presidenta Catherine Connolly y con el primer ministro Micheál Martin. Su agenda incluía las relaciones económicas entre ambos países, los grandes conflictos internacionales y su asistencia al Abierto de Irlanda de golf, celebrado en su complejo de Doonbeg, en el condado de Clare.
No estaba previsto que Trump se ocupara de Erwin Schrödinger. Sin embargo, su presencia en Dublín ofrecía una buena ocasión para recordar que fue precisamente allí donde el físico austríaco escribió una de las obras científicas más influyentes del siglo XX: ¿Qué es la vida?
La historia comienza con Éamon de Valera, uno de los grandes protagonistas de la independencia irlandesa. Revolucionario, prisionero, jefe de Gobierno y presidente de la República, de Valera dominó la política de Irlanda durante décadas.
En 1986, antes de las elecciones dominicanas del 16 de mayo, Juan Bosch se interesó intensamente por aquel personaje, que había muerto once años antes. Lo buscó hasta encontrar su biografía en la Enciclopedia Británica.

El interés de Bosch no era accidental.
Joaquín Balaguer se disponía a regresar al poder y tenía ya casi 80 años. Había nacido el 1 de septiembre de 1906 y, por tanto, contaba 79 años cuando se celebraron aquellas elecciones. La perspectiva, sin embargo, era que pudiera gobernar durante mucho tiempo. Bosch sostenía que los miembros de la familia Balaguer poseían genes de gran longevidad.
De Valera representaba un precedente extraordinario: un dirigente que había continuado ocupando la jefatura del Estado irlandés hasta una edad excepcionalmente avanzada.
Había nacido en Nueva York en 1882, de madre irlandesa y padre de origen español. Participó en el Levantamiento de Pascua de 1916 contra la dominación británica, fue condenado a muerte y consiguió salvarse de la ejecución. Más tarde se convirtió en la figura principal del republicanismo irlandés.
De Valera poseía, además, una sólida formación matemática. Comprendió que una nación pequeña necesitaba instituciones científicas capaces de atraer a algunas de las mejores inteligencias de Europa. Cuando Schrödinger abandonó Austria después de la anexión nazi, de Valera lo invitó a establecerse en Dublín y le ofreció un lugar en el nuevo Dublin Institute for Advanced Studies.
Schrödinger llegó a Irlanda en 1939 y se convirtió en el primer director de la Escuela de Física Teórica. Permaneció aproximadamente dieciséis años en Dublín.
En febrero de 1943 pronunció en el Trinity College las conferencias que dieron origen a ¿Qué es la vida?, publicado en 1944. En ellas intentó explicar cómo los organismos vivos conservan y transmiten su organización mediante procesos físicos y químicos.
Schrödinger se preguntó cómo podía almacenarse la información hereditaria y propuso la existencia de un “cristal aperiódico”: una estructura molecular compleja capaz de contener una especie de código. El ADN todavía no había sido identificado definitivamente como portador de la herencia, pero su intuición influyó después en investigadores como James Watson y Francis Crick.
Ha circulado ahora un video del médico y cirujano español Manuel Sans Segarra en el que se afirma que “el amor es la energía más potente del universo”. Sans Segarra menciona a Schrödinger y su libro como respaldo de su razonamiento.
Conviene distinguir las cosas.
Schrödinger recibió el Premio Nobel de Física en 1933, compartido con Paul Dirac, pero ¿Qué es la vida? no afirma que el amor constituya una energía física o una fuerza fundamental del universo. El libro estudia la herencia, la entropía, la estabilidad de los genes y la organización de los seres vivos.
En física, la energía es una magnitud cuantificable. Se mide en julios y aparece en formas determinadas: cinética, térmica, química, eléctrica o nuclear. Para demostrar que el amor es una forma adicional de energía sería necesario explicar cómo se mide, cómo se transmite y qué leyes gobiernan sus efectos. Esa demostración científica no existe.
Pero esto no significa que el amor carezca de realidad o poder.
La ciencia ha comprobado que las relaciones afectivas intervienen en procesos cerebrales y corporales relacionados con la dopamina, la oxitocina, la vasopresina y la serotonina. El amor, el apego y el apoyo social pueden influir sobre el estrés, la salud cardiovascular y el bienestar psicológico.
El amor no es una energía física, pero puede considerarse una fuerza espiritual, moral y social. La ciencia estudia sus manifestaciones biológicas; la filosofía busca comprender su significado, y la fe cristiana llega mucho más lejos al proclamar que “Dios es amor”.
De Valera ejerció la Presidencia de Irlanda desde 1959 hasta 1973, a pesar de encontrarse casi completamente ciego. Se retiró a los 90 años, siendo entonces el jefe de Estado más anciano del mundo, y murió en 1975, a los 92.
La preocupación de Bosch en 1986 resultó profética. Balaguer regresó a la Presidencia y gobernó durante diez años más, hasta 1996. Vivió hasta los 95 años.
Trump pasó por la misma Dublín de de Valera y Schrödinger. La coincidencia nos recuerda que detrás del poder de los gobiernos existe otro poder más duradero: el de las ideas que cruzan fronteras, conectan épocas y obligan al ser humano a preguntarse nuevamente qué son la vida, la conciencia, la longevidad y el amor.
