
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
La cruz procedente de la República Dominicana que durante décadas estuvo expuesta en la basílica de San Pedro ya no aparece en el lugar donde tantos dominicanos la contemplamos y nos fotografiamos.
Su ausencia merece una explicación pública, por su significado religioso, su vínculo con nuestra nación y la voluntad de san Juan Pablo II que llevó aquella cruz al Vaticano.
El origen de su presencia está documentado por el propio pontífice.
En el Ángelus del 12 de enero de 1992, Juan Pablo II recordó que el 12 de octubre de 1984, en Santo Domingo, había entregado reproducciones de la cruz venerada en nuestra catedral a los presidentes de las conferencias episcopales de América.

Añadió expresamente: «destiné también al Vaticano una, que se conserva ahora en la nave central de la basílica de San Pedro». (vatican.va)
Estas palabras acreditan una decisión personal del Papa y la presencia de la cruz en el principal templo de la cristiandad. Su significado estaba ligado a la evangelización de América y a la preparación del quinto centenario de 1992.
La placa que acompañaba la cruz explicaba su procedencia y su propósito. Aquella reproducción vinculaba la Catedral de Santo Domingo con San Pedro y recordaba el compromiso de evangelización promovido por Juan Pablo II.
Para los dominicanos que visitábamos la basílica, constituía también un testimonio visible de nuestra historia dentro de la Iglesia universal.

Las fotografías que conservo muestran la cruz instalada sobre el revestimiento de mármol con dibujo en espiga.
En ese espacio quedaron retratados visitantes y familias dominicanas. Son documentos de una presencia que formó parte de nuestra relación con el Vaticano.
La comparación con la fotografía oficial difundida en la galería de las vísperas y el Te Deum del 31 de diciembre de 2025 permite advertir su ausencia: el sector visible de la pared, junto al respaldo rojo de la sede, aparece sin la cruz. La imagen establece que, para esa fecha, ya no estaba expuesta en aquel lugar. (vatican.va)

He señalado que su retirada ocurrió durante los últimos meses del pontificado de Francisco.
Determinar la fecha exacta, quién dispuso el traslado y dónde se encuentra actualmente requiere una respuesta de las autoridades responsables.
El cardenal Mauro Gambetti reunía tres cargos directamente relacionados con ese ámbito: arcipreste de la basílica de San Pedro, presidente de la Fábrica de San Pedro y vicario general de Su Santidad para la Ciudad del Vaticano.
Francisco lo nombró para esas funciones el 20 de febrero de 2021. Esa concentración de responsabilidades lo situaba como una autoridad central para explicar las decisiones relativas a la basílica. (press.vatican.va)
El 3 de octubre de 2026, León XIV lo trasladó a la arquidiócesis de Chieti-Vasto, dejando aquellos tres cargos. El comunicado oficial anuncia el cambio de destino; no relaciona esa decisión con la cruz dominicana. Su salida, sin embargo, mantiene pendiente la explicación sobre lo ocurrido durante su administración. (press.vatican.va)
Las preguntas son concretas: ¿dónde está la cruz? ¿Quién autorizó retirarla? ¿Por qué motivo? ¿Existe una disposición de conservación, restauración o nueva ubicación? ¿Volverá a exponerse con una identificación clara de su procedencia?
Como embajador dominicano ante la Santa Sede entre 2009 y 2020, considero legítimo solicitar estas respuestas.
La conservación de un objeto puede exigir cambios de ubicación; comunicar esas decisiones permite comprenderlas y preservar su significado.
La cruz dominicana merece un lugar digno y visible en San Pedro.
Su historia está escrita en las palabras de Juan Pablo II y en la memoria de quienes la encontramos allí.
Corresponde a las autoridades de la basílica explicar su ausencia y dar a conocer su destino.
