
Hoy en día, sólo doce países en el mundo tienen relaciones diplomáticas con Taiwán. Ese número fue mucho más durante la guerra fría, e incluso sólo hace diez años. Pero los últimos años, varios países han cortado estas relaciones.
La razón detrás de esta disminución es la Política de Una Sola China de la República Popular China (RPC), que ha mantenido que Taiwán es una parte inalienable del territorio chino desde la formación de la RPC en 1949. Según esta doctrina, cualquier país en el mundo que quiere establecer relaciones con China Popular necesita primero romper y negar relaciones formales con el gobierno de Taiwán. Por consiguiente, el número de países del mundo que mantienen relaciones formales con Taiwán ha bajado mientras más y más países han deseado relaciones con China Popular—ahora una potencia política, económica y militar mundial.
República Dominicana fue uno de los pocos países que decidió mantener relaciones con Taiwán, hasta 2018 cuando la administración del Presidente Danilo Medina las rompió para establecer relaciones con Beijing. Este artículo explica las razones por las cuales los gobiernos en Santo Domingo se mantuvieron fieles al gobierno en Taipei por décadas después de la mayoría de los países a través del mundo. Examinar las relaciones RD-Taiwán por estos años revela cálculos políticos, económicos y geopolíticos que cada presidente dominicano tuvo que enfrentar desde el Trujillerato hasta el establecimiento de relaciones con China Popular en 2018.
Dos Generalísimos: relaciones íntimas entre los gobiernos de Rafael Trujillo y Chiang Kai-shek
Como el gobierno de Taiwán es la República de China—el gobierno en China continental antes de la Revolución China de 1949—las relaciones entre la República Dominicana y el gobierno de Taiwán empezaron años antes del traslado del gobierno chino en aquel año.
En 1940, se firmó un Tratado de Buena Voluntad entre los dos países, y tres años después, el ministro consejero chino en Cuba se convirtió en lo mismo para la República Dominicana y presentó su credencial al gobierno de Trujillo en Santo Domingo.
En 1946, en plena guerra civil entre los chinos nacionalistas liderados por Chiang Kai-shek y los comunistas liderados por Mao Tse-tung, Trujillo por decreto No. 3432 designó al abogado Leonte Guzmán Sánchez como el primer embajador dominicano en China. Embajador Guzmán Sánchez presentó sus cartas al Presidente Chiang, creó la primera misión dominicana en China, y en diciembre de 1949 fue el único diplomático que acompañó a Chiang y más de un millón de sus seguidores huyéndo a Taiwán tras la victoria de Mao y los comunistas en la Guerra Civil.
Tras el establecimiento del gobierno de Chiang en Taiwán, el gobierno de Trujillo siguió su apoyo fuerte al presidente chino anti-comunista. El dictador militar dominicano se hizo un oponente firme al comunismo y movimientos izquierdistas en las Américas con firme respaldo del gobierno estadounidense, que impulsó una política para contener la expansión del comunismo en Latinoamérica bajo la presidencia de Dwight Eisenhower durante los años 50.
En aquel entonces, se hablaba de los “tres generalísimos”: Generalísimo Rafael Trujillo en la República Dominicana, Generalísimo Francisco Franco en España y Generalísimo Chiang Kai-shek en Taiwán—líderes militares y autoritarios comprometidos a luchar contra el comunismo en Latinoamérica, Europa y Asia, respectivamente.
Como explica la historiadora dominicana Adriana Sang, “La guerra fría estaba en pleno apogeo. Era lógico pensar que las alianzas estratégicas del Dictador se hicieran en torno a las naciones que se habían definido opositoras del comunismo.”
En este contexto, el apoyo dominicano al gobierno taiwanés durante el Trujillerato fue una decisión personal, política e ideológica—una muestra de solidaridad desde un gobierno amigo ante un aumento de tensiones globales impulsadas por el nuevo conflicto entre el comunismo y el capitalismo.
Apoyo diplomático y generosidad económica: Relaciones RD-Taiwán 1961-2018
Tras el asesinato de Trujillo en 1961 y la turbulencia política resultante, los vínculos entre República Dominicana y Taiwán siguieron fuertes.
Incluso el gobierno de Juan Bosch—un intelectual de izquierdas que rehusó tomar una política firme contra el comunismo—fortaleció los lazos con Taipei. En julio de 1963, Bosch aprobó una misión técnica de Taiwán para aumentar el cultivo de arroz, y cuatro meses después se firmó “El Acuerdo de Cooperación Técnica” bilateral.
Como consecuencia de esta colaboración, la producción de arroz dominicano—un alimento principal en la dieta nacional—aumentó 250 por ciento gracias a la introducción de técnicas y tecnologías que habían usado los taiwaneses en su isla. Liderado por el experto Dr. Chao Lien Fang, la asistencia agrícola taiwanesa en la República Dominicana duró por más de cuatro décadas y representó un logro profundo en las relaciones amistosas entre los dos pueblos.
Encima del apoyo en el sector agrícola, crecieron aún más estas relaciones durante las siguientes décadas. El gobierno dominicano firmó un acuerdo comercial bilateral con Taiwán en 1964, alojó el primer ministro taiwanés en 1980 y el canciller taiwanés en 1986 e firmó dos acuerdos más para profundizar la cooperación agrícola entre 1988 y 1989. Durante estos años, el ejército taiwanés desarrolló vínculos fuertes con las fuerzas armadas dominicanas, aceptando cadetes y estudiantes militares en Taiwán por programas de intercambio con frecuencia. Mientras Cuba, México, y toda Sudamérica (menos Paraguay) cambiaron su reconocimiento diplomático de Taipéi a Beijing durante este periodo, los siguientes gobiernos dominicanos mantuvieron y profundizaron los vínculos con Taipéi.
Pero ningún gobierno dominicano tenía tanto entusiasmo para las relaciones con Taiwán que el del Presidente Hipólito Mejía entre 2000 y 2004. Antes de su carrera política, Mejía ya había ido a Taiwán varias veces como empresario. Cuando llegó a la presidencia, desarrolló estas relaciones aún más. Recibiendo el presidente taiwanés en Santo Domingo en 2000, exclamó Mejía, “Se puede decir sin alguna duda que entre las naciones en la totalidad de América Central y América Latina, soy el mejor amigo de la República de China… La República Dominicana tiene la relación más cercana y mejor con Taiwán.”
Dijo Mejía durante una visita oficial a Taipéi en 2002 (su segundo como mandatario): “Taiwán es un modelo de referencia, no sólo para el desarrollo de la República Dominicana, sino también para muchos otros países de América Latina… Mi comitiva y yo estamos aquí con el propósito, obviamente, de aprender de ustedes cómo progresar en libertad con un desarrollo integral y con equidad.”
Al final de su presidencia, Mejía inauguró un hospital y un centro de entrenamiento laboral, ambos financiados por el gobierno taiwanés.
Los gobiernos antes y después, ambos bajo el Presidente Lionel Fernández, tenían otra visión. Aunque fue en visita oficial a Taiwán en 1999, Fernández acercó al gigante asiático durante su primer y segundo mandatos. En 1997, firmó un acuerdo con el gobierno chino para regular nuevas oficinas comerciales en Beijing y Santo Domingo (que habían sido establecidos en 1993). Fernández también recibió una delegación del gobierno chino en 2005 y planificó un viaje al gigante asiático (finalmente fue cancelado). En 2011, envió Rosa Ng Baez, una líder de la comunidad china-dominicana, para liderar la oficina comercial dominicana en Beijing y profundizar aún más la relación económica.
Sin embargo, Fernández no pudo llevar los vínculos con Beijing hasta relaciones formales después de 2008 debido a la política doméstica taiwanesa. Ese año, fue elegido presidente en Taiwán Ma Ying-jeou del partido Kuomintang, que mantiene una política mucho más cooperativa hacia China que los demás partidos. Como parte de su política exterior, logró una “tregua diplomática” con Beijing, bajo la cual el gobierno chino accedió a dejar de intentar sacarle los aliados diplomáticos de Taiwán. Por consiguiente, fracasaron todos los intentos—incluso el de Fernández—de establecer relaciones diplomáticas con China durante la presidencia de Ma.
En una entrevista en 2016, Fernández habló de sus intenciones de establecer relaciones con China Popular, comparándolas a entrar en una discoteca. Dijo el presidente, “Tienes que esperar y esperar en la fila durante mucho tiempo hasta que el portero [Beijing] te deje entrar.”
Un equilibrio delicado: El desarrollo de relaciones con China Popular, 2018-presente
La República Dominicana finalmente entró en 2018.
Al igual que Fernández, Presidente Danilo Medina intentó acercarse a Beijing durante su primer mandato, pero no lo logró al final debido a la “tregua diplomática” con el gobierno de Ma en Taipéi. En 2013, envió al Senador Charlie Mariotti y el Ministro de Economía Planificación y Desarrollo, Juan Temístocles Montás a negociar con el gobierno chino, pero no pudieron proceder con negociaciones diplomáticas por la tregua.
En 2016, cambió la situación. La elección de la presidenta Tsai Ing-wen en Taipéi aquel año regresó la presidencia taiwanesa al partido democrático popular, el cual es mucho más independentista (y por eso antagonista hacia Beijing). Su llegada al poder rompió la tregua, y Beijing volvió a quitar los aliados diplomáticos de Taiwán. Ese mismo año, Medina nombró como canciller Miguel Vargas, quien ya tenía vínculos con el gobierno chino por su liderazgo del Partido Revolucionario Dominicano. Con la tregua rota, Vargas empezó a negociar con oficiales chinos para crear las relaciones entre la República Dominicana y la República Popular China por primera vez.
A pesar de desear relaciones formales con China, Medina nunca rechazó la generosidad taiwanesa, incluso aceptando una donación de dos helicópteros y 90 vehículos militares para las fuerzas armadas dominicanas durante las negociaciones secretas con el gobierno chino.
El 1 de mayo de 2018, la historia de estas relaciones cambió para siempre, con el anuncio en Beijing por el Canciller Vargas de la ruptura de relaciones con Taiwán y el establecimiento de relaciones con China Popular. Justificando la decisión como un acto de soberanía y de pragmatismo para los intereses del pueblo dominicano, Vargas firmó varios acuerdos con su homólogo chino y comentó, “Se abre una nueva etapa estratégica con la mirada puesta a contribuir en el progreso de nuestro pueblo.”
Según el gobierno taiwanés, el gobierno chino ofreció a la administración Medina un paquete de asistencia e inversiones valorado en más de $3.1 mil millones—incluyendo $1.6 mil millones para obras de infraestructura y $300 millones para una planta de gas natural. “Fue un costo que Taiwán no pudo asumir,” dijo un oficial taiwanés sobre el cambio.
Notablemente, la administración intencionalmente no le informó a la embajada estadounidense de las negociaciones, y Vargas fue directo a consultar con oficiales norteamericanos después—sabiendo que el gobierno en Washington se oponía a la influencia china en Latinoamérica.
Desde entonces, ha sido un tema delicado para los gobiernos en Beijing, Santo Domingo y Washington. Las administraciones de Biden y Trump han compartido la oposición a la influencia china en países latinoamericanos, especialmente en países cercanos como la República Dominicana. Sin embargo, el gobierno chino ha contribuido mucho a la sociedad y economía dominicana desde entonces—por comercio, inversiones y donaciones humanitarias.
Como acto de pragmatismo y balance, el Presidente Luis Abinader, desde su primera entrevista como mandatario en 2020, aclaró su postura hacia Beijing y Washington, comentando, “Relaciones diplomáticas [con China] están presentes y se van a mantener las relaciones comerciales con China y cualquier inversión que quieran hacer empresarios chinos en el país—siempre que no sean en sectores estratégicos de nuestra seguridad nacional. Pero estamos muy claros que en este caso tenemos que tener nuestra relación muy especial con los Estados Unidos.” Por limitar relaciones con Beijing de esa forma, su gobierno ha evitado la preocupación o incluso acción del gobierno estadounidense, como se ha visto en Panamá desde la vuelta de Trump a la Casa Blanca en enero 2025.
En cualquier caso, el comienzo de las relaciones diplomáticas con China significó el fin de las relaciones con Taiwán—el cual ahora sólo queda con 12 socios diplomáticos actualmente. Examinar la historia de estas relaciones revela decisiones diplomáticas, con cálculos cuidadosos y consecuencias geopolíticas. A pesar de sus esfuerzos activos para beneficiar la sociedad dominicana con generosidad y asistencia humanitaria, Taiwán al final perdió la batalla de influencia con China en la República Dominicana, lo cual duró desde Trujillo hasta Medina.
