Cuando el petróleo sube con fuerza, la explicación más común suele ser la guerra o un incidente de grandes dimensiones que afecte el mercado, y cuando cae de golpe, aparece otro argumento, la especulación, pero ¿cómo funciona el mercado energético?
El precio del petróleo no lo fija un solo país, una sola empresa ni una institución internacional, se forma todos los días en la mezcla de oferta, demanda, inventarios, comercio físico, contratos de futuros, decisiones de la OPEP+ y percepción de riesgo global.
Eso ayuda a entender por qué, ante una escalada militar como la que ocurre en Medio Oriente, el barril puede encarecerse en cuestión de horas, y por qué una tregua, una reapertura de rutas o una señal de desescalada puede provocar una caída severa casi inmediata, tal como pasó este martes.
Lo que se mueve no es solo el precio del barril que ya está en circulación, también cambia la expectativa sobre cuánta oferta habrá al siguiente día, qué tan seguro será transportarla y cuánto riesgo están dispuestos a asumir los inversionistas
No existe un solo precio del petróleo
Una primera clave es que no hay un precio único del petróleo, los dos grandes referentes son el Brent, que sirve como benchmark internacional para buena parte del comercio mundial, y el WTI, referencia dominante en Estados Unidos.
A eso se suman otras mezclas regionales y canastas, como la OPEC Reference Basket, que permiten seguir cómo cotizan distintos tipos de crudo según calidad, ubicación y condiciones de entrega.
La Agencia Internacional de Energía (EIA) explica que los precios spot y de futuros están conectados en un proceso de price discovery, es decir, descubrimiento de precios, mientras que en el mercado físico se negocian barriles reales; y en el financiero se compran y venden contratos sobre entregas futuras.
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