
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
León XIV ha salido del Policlínico Gemelli y ha regresado al Vaticano este sábado 17 de octubre, cuatro días después de su operación pulmonar. Después de una semana de preocupación, oraciones y recuperación, el Pontífice vuelve a casa. Durante su hospitalización mantuvo el contacto con sus colaboradores y dirigió una iniciativa humanitaria ante el presidente ruso, Vladímir Putin.

Y León es un León que ha salido de la jaula del hospital. La expresión tiene algo de celebración familiar, de alegría por quien recupera la libertad de sus movimientos y el ambiente de su hogar. El Gemelli ha sido una casa de cuidados; la jaula es aquí la metáfora de las limitaciones que impone la enfermedad, incluso a quienes llevan sobre sus hombros responsabilidades universales.
Los leones tienen una larga presencia en la tradición cristiana. Habitan sus relatos, sus pinturas, sus esculturas y sus templos. En ese universo religioso encontramos fieras amansadas por la bondad de los santos y leones convertidos en símbolos de la palabra evangélica. La fuerza puede ponerse al servicio de la paz: esa es una de las enseñanzas que permiten evocar.
El más conocido es el león alado de san Marcos, inseparable de Venecia y de su basílica. Conviene precisar su significado: representa al evangelista; su presencia no procede de una historia de domesticación. Con frecuencia sostiene un libro con la inscripción latina Pax tibi, Marce, evangelista meus: «La paz sea contigo, Marcos, evangelista mío». La figura poderosa del animal queda así asociada al Evangelio y al anuncio de la paz.

En san Jerónimo encontramos una tradición diferente. Según la leyenda difundida por el arte cristiano, el santo extrajo una espina de la pata de un león herido. El animal, aliviado de su sufrimiento, se convirtió en su fiel compañero. Numerosos pintores lo representaron junto al estudioso de las Escrituras, descansando apaciblemente a sus pies. La escena ofrece una enseñanza sencilla: la compasión puede transformar una relación dominada por el miedo.
También la tradición de san Gerásimo del Jordán conserva el relato de un león al que el monje curó una pata lastimada. El animal quedó vinculado al santo y a la vida de su monasterio. Son narraciones hagiográficas, transmitidas como ejemplos de santidad y armonía con la creación. Su sentido espiritual ha acompañado durante siglos la devoción cristiana.

Estos leones ofrecen un hermoso marco para pensar en el Papa que vuelve del hospital. El nombre León evoca fortaleza; la experiencia de la enfermedad recuerda cuánto necesita esa fortaleza del cuidado ajeno. Incluso el león necesita que alguien atienda su herida.
La Santa Sede ha confirmado que este domingo 18 de octubre León XIV rezará el Ángelus desde la ventana del apartamento pontificio. Los médicos autorizaron el alta después de evaluar los análisis, el control radiológico del tórax y su estado clínico. El martes 13 había sido intervenido por un adenocarcinoma, con la extirpación del lóbulo inferior del pulmón derecho. Su regreso abre una nueva etapa de convalecencia.
Durante el ingreso, el ejercicio de su ministerio acompañó la recuperación. El jueves recibió a monseñor Paolo Rudelli, sustituto de la Secretaría de Estado; el viernes, por separado, a los cardenales Luis Antonio Tagle y Baldo Reina. Ese mismo viernes presidió la misa en una sala de la décima planta del Gemelli, ante trabajadores sanitarios y miembros de la Gendarmería vaticana. Pronunció la homilía, distribuyó la comunión y agradeció los cuidados recibidos.
El agradecimiento concede a aquella escena una particular profundidad. Quien habitualmente escucha las necesidades de otros se encontraba rodeado de personas que habían atendido las suyas. La autoridad pastoral adquiría allí el rostro cercano de un enfermo agradecido.
Desde ese lugar de fragilidad, León XIV extendió además su mirada hacia quienes padecen la guerra. En su conversación con Putin pidió una tregua para Oleshky, en la región ucraniana de Jersón, que permitiera llevar alimentos y asistencia médica y facilitar la evacuación voluntaria y segura de civiles. El cardenal Pietro Parolin explicó que la iniciativa había partido del Papa y expresó su esperanza de que produjera resultados.
La imagen del león de san Marcos, portador de un anuncio de paz, encuentra aquí una resonancia contemporánea. La palabra del Pontífice busca abrir un camino para el socorro. Su eficacia habrá de apreciarse en la ayuda que llegue a las personas y en las vidas que puedan protegerse.
La próxima semana exigirá prudencia en la organización de sus compromisos y atención a su recuperación. El cuidado del Papa y la continuidad de su misión deberán avanzar juntos, con la colaboración de quienes lo asisten.
Mañana, los fieles volverán a mirar hacia la ventana del apartamento pontificio. Para muchos será un momento de alivio y gratitud.
León ha salido de la jaula del hospital. Como en aquellas antiguas imágenes cristianas, la fortaleza lleva ahora visible la huella del cuidado recibido. Y el León que vuelve a casa tiene todavía mucho que decir sobre la paz.
