Por José Manuel Jerez
Una encuesta no gana elecciones. Tampoco las pierde. Es apenas una fotografía del electorado tomada en un momento determinado. Pero no todas las fotografías merecen exactamente la misma lectura. Cuando una encuestadora acaba de pasar por la prueba más exigente que existe -comparar lo que midió con lo que finalmente ocurrió en las urnas-, su medición siguiente adquiere inevitablemente un interés adicional.
Eso es lo que ocurre este domingo con Vox Brasil.
La nueva encuesta nacional del instituto, divulgada este 18 de octubre, coloca a Luiz Inácio Lula da Silva con 46,4 % de intención de voto, frente a 44,6 % de Flávio Bolsonaro. Blancos, nulos o quienes no escogerían a ninguno representan 5 %, mientras 3,9 % permanecen indecisos. Cuando se excluyen esas categorías y se calculan los votos válidos, el resultado publicado es Lula 51 % y Flávio Bolsonaro 49 %. La diferencia permanece dentro del margen de error y, por consiguiente, la conclusión estadísticamente correcta continúa siendo la de empate técnico.
Vox Brasil entrevistó presencialmente a 2.100 electores en sus domicilios entre el 15 y el 17 de octubre, trabaja con un nivel de confianza de 95 % y declara un margen de error de 2,15 puntos porcentuales. La investigación está registrada ante el Tribunal Superior Electoral como BR-04332/2026. No estamos, pues, ante un resultado electoral ni ante una profecía sobre el 25 de octubre. Estamos ante una medición estadística. Pero existe una razón objetiva para observarla con atención: qué tan cerca estuvo Vox Brasil de las urnas apenas dos semanas atrás.
Antes de la primera vuelta del 4 de octubre, casi todas las grandes encuestadoras coincidían en una elección extremadamente cerrada. Sin embargo, diferían en algo que después resultaría importante: quién llegaría primero.
La última Vox Brasil antes de aquella votación fue levantada entre el 29 de septiembre y el 1.º de octubre, también mediante 2.100 entrevistas presenciales domiciliarias y con el mismo margen de error de 2,15 puntos. Marcaba 41,2 % para Flávio Bolsonaro y 40,4 % para Lula en intención de voto total. Caiado aparecía con 3,3 %, Renan Santos con 2,2 %, Romeu Zema con 1,3 %, Augusto Cury con 1,2 % y Edmilson Costa con 0,2 %. Blancos y nulos representaban 3,2 % y los indecisos 7 %.
Si se toman únicamente los votos atribuidos a candidatos -para hacerlos comparables con el criterio de votos válidos utilizado por la Justicia Electoral-, aquella fotografía equivalía aproximadamente a 45,9 % para Flávio Bolsonaro y 45,0 % para Lula.
Después hablaron las urnas.
El Tribunal Superior Electoral registró en la primera vuelta 47,03 % de los votos válidos para Flávio Bolsonaro y 45,16 % para Lula. La diferencia efectiva fue de 1,87 puntos porcentuales.
La comparación merece detenerse en ella.
Vox Brasil quedó aproximadamente a 1,15 puntos porcentuales del resultado de Flávio Bolsonaro y a apenas 0,17 puntos del resultado obtenido por Lula. Además, había registrado una distancia entre ambos de aproximadamente 0,9 puntos; las urnas produjeron una distancia de 1,87. Es decir, el error en la brecha entre los dos principales candidatos fue inferior a un punto porcentual.
Eso no ocurrió de la misma manera con todas las encuestadoras.
Datafolha cerró su última medición con Lula 45 % y Flávio 42 % de los votos válidos. Quaest registraba Lula 46 % y Flávio 45 %. PoderData tenía Lula 45 % y Flávio 43 %. AtlasIntel publicaba Lula 47 % y Flávio 44,1 %. CNT/MDA registraba Lula 47,8 % y Flávio 42,1 %. Todas colocaban numéricamente a Lula por delante. Las urnas terminaron colocando a Flávio Bolsonaro primero.
Hubo también encuestadoras que captaron correctamente ese orden. Futura/100% Cidades registró 44,8 % de votos válidos para Flávio y 42,6 % para Lula, una diferencia de 2,2 puntos extraordinariamente próxima a los 1,87 puntos que finalmente separaron a ambos. Palver, mediante una metodología digital distinta, publicó 47 % para Flávio y 43 % para Lula en su escenario estimulado.
La precisión, por tanto, debe analizarse con cuidado. Una encuestadora puede acercarse mucho al porcentaje de un candidato y alejarse del otro; puede estimar correctamente la distancia entre ambos, aunque subestime sus porcentajes absolutos; o puede acertar los niveles generales y equivocarse en el orden cuando las diferencias son muy pequeñas.
En ese cuadro, el desempeño de Vox Brasil en la primera vuelta fue objetivamente favorable. No porque haya "adivinado" una elección -esa no es la función científica de una encuesta-, sino porque estuvo razonablemente cerca de los porcentajes finales de los dos principales candidatos y captó correctamente cuál de ellos llegaría numéricamente delante.
Pero sería metodológicamente incorrecto dar un salto adicional y afirmar que eso convierte automáticamente su nueva medición en el resultado probable de la segunda vuelta.
No funciona así.
Cada elección constituye una observación diferente. Cambian la movilización electoral, la abstención, las transferencias de votos, las decisiones tardías y hasta la composición efectiva de quienes terminan concurriendo a las urnas. Un instituto que estuvo muy cerca en una ronda puede desviarse en la siguiente, y uno que se alejó anteriormente puede aproximarse después.
Hay otra razón para mantener la prudencia. Vox Brasil es una institución relativamente joven. La empresa Instituto Vox Brasil Opinião e Pesquisas Ltda. fue constituida en marzo de 2022. Por ello todavía no posee una trayectoria de numerosas elecciones presidenciales comparable con institutos de más larga tradición. Su desempeño de 2026 representa un antecedente empírico importante, pero no una serie histórica suficientemente extensa como para proclamar una superioridad estructural frente a los demás.
Esa precisión es fundamental porque la confiabilidad de una encuestadora no debe medirse por una encuesta que favorece al candidato de nuestra preferencia. Debe medirse por metodología, transparencia, consistencia y, sobre todo, por la confrontación posterior entre sus mediciones y las urnas.
Bajo ese criterio, Vox Brasil tiene hoy algo que no puede ignorarse: un antecedente inmediato verificable.
Su última encuesta antes de la primera vuelta situó a Flávio Bolsonaro por delante de Lula cuando Datafolha, Quaest, AtlasIntel, PoderData y CNT/MDA mostraban lo contrario. Estimó a Lula a menos de dos décimas de su resultado final y reprodujo con razonable aproximación la estrecha distancia que terminaría separando a los dos candidatos.
Ahora, dos semanas después, utilizando nuevamente 2.100 entrevistas presenciales, Vox Brasil encuentra una competencia invertida numéricamente: Lula 51 %, Flávio Bolsonaro 49 % de los votos válidos.
Hay que leer exactamente lo que esos números dicen. Y también lo que no dicen.
Dicen que, durante los días 15, 16 y 17 de octubre, la muestra estudiada por Vox Brasil produjo una pequeña ventaja numérica para Lula. Dicen que esa diferencia está dentro del margen de error. Dicen que el instituto que la registra tuvo un desempeño notablemente próximo a las urnas en la primera vuelta.
No dicen quién ganará el 25 de octubre.
Las demás encuestas recientes tampoco permiten decirlo. Datafolha, por ejemplo, registró el 15 de octubre 51 % de votos válidos para Flávio Bolsonaro y 49 % para Lula, también dentro de su margen de error. El dato responsable, por consiguiente, no es proclamar vencedor a nadie, sino reconocer que metodologías diferentes continúan describiendo una elección muy estrecha.
Pero hay momentos en que una encuesta merece algo más que mirar únicamente el número que aparece en su titular.
Hay que mirar también quién midió, cómo midió y qué ocurrió la última vez que esa medición fue sometida al juicio inexorable de las urnas.
Y en ese examen, Vox Brasil tiene hoy un antecedente que merece ser conocido.
No porque las encuestas voten.
Sino porque, al final, las urnas permiten saber cuáles estuvieron más cerca de escuchar correctamente a quienes sí lo hicieron.
