Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
La historia de Roma posee una característica singular: nada desaparece completamente.
Las piedras permanecen.
Los palacios permanecen.
Los símbolos permanecen.
Los títulos permanecen.
Los mapas permanecen.
Incluso las viejas luchas por el poder suelen reaparecer bajo nuevas formas.

Quien observe hoy un mapa de la periferia oriental de Roma descubrirá algo extraordinario.

Los límites municipales de Monte Porzio Catone, Monte Compatri, Tivoli y algunos sectores periféricos de la capital italiana continúan reflejando, cuatro siglos después, las antiguas fronteras de los dominios de dos de las más poderosas familias de la Roma barroca: los Borghese y los Barberini.

Aquellas líneas aparentemente administrativas son en realidad fósiles históricos.
Son la huella visible de dos pontificados que transformaron para siempre la ciudad eterna.

Pablo V Borghese gobernó la Iglesia entre 1605 y 1621.
Urbano VIII Barberini entre 1623 y 1644.
Ambos compartieron características similares.
Ambos fortalecieron extraordinariamente a sus familiares.
Ambos utilizaron el inmenso poder del papado para construir auténticas dinastías.
Ambos fueron acusados por sus contemporáneos de nepotismo.
Y ambos dejaron una herencia artística, política y territorial que todavía define buena parte de la imagen de Roma.
Pablo V – Borghese
Pablo V culminó la construcción de la Basílica de San Pedro mediante la terminación de la gran nave central y de la monumental fachada diseñada por Carlo Maderno.
Bajo su pontificado, el cardenal Scipione Borghese reunió una de las más extraordinarias colecciones artísticas de Europa y convirtió la Villa Borghese en uno de los grandes centros culturales de la ciudad.

Fue Scipione quien descubrió y protegió al joven Gian Lorenzo Bernini, encargado de realizar las esculturas que todavía hoy asombran al visitante.
Los Borghese extendieron simultáneamente sus dominios por amplias zonas de los Castelli Romani, acumulando castillos, villas, tierras agrícolas y propiedades urbanas.
Urbano VIII – Barberini
Pocos años después, los Barberini siguieron el mismo camino.
Urbano VIII convirtió a su familia en una de las más influyentes de Europa.
Levantó el Palacio Barberini.
Encargó a Bernini el monumental Baldaquino de San Pedro.

Impulsó numerosas obras públicas.
Y consolidó una red de poder aristocrático que sobreviviría durante siglos.
La crítica popular fue despiadada.
Los romanos acuñaron una frase que aún hoy se recuerda:
“Quod non fecerunt barbari, fecerunt Barberini.”
“Lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barberini.”
Pero detrás de las sátiras existía una realidad política más profunda.

Los Barberini no sólo acumulaban riqueza.
Construían instituciones destinadas a perdurar.
Soberana Orden de Malta
La más importante de ellas fue su vinculación con la Soberana Orden Militar de Malta.
En 1633, Urbano VIII estableció el histórico Baliaggio di San Sebastiano, incorporando a la familia Barberini dentro de una de las estructuras más prestigiosas de la Orden de Malta.
No se trataba de un simple honor nobiliario.
Era una institución jurídica, territorial y patrimonial.

El título de Balì constituía una de las más altas dignidades melitenses.
Permitía unir patrimonio familiar, prestigio aristocrático y continuidad histórica.
Aquella decisión produjo consecuencias que todavía son visibles.
Los territorios vinculados al Baliaggio se extendieron entre Tivoli y Palestrina.
Dentro de ellos quedó incluido uno de los monumentos más impresionantes de la ingeniería romana: Ponte Lupo, gigantesca estructura integrada a los antiguos acueductos imperiales, especialmente al Aqua Marcia.
Actualmente, investigaciones del Fondo Ambiente Italiano (FAI) continúan identificando esas propiedades como parte de la herencia histórica asociada al Baliaggio Barberini.

Lo extraordinario es que cuatro siglos después el Baliaggio sigue existiendo.
Las fronteras sobreviven.
Las propiedades sobreviven.
Los títulos sobreviven.
Y la Orden de Malta también sobrevivió.
Sobrevivió a la Reforma Protestante.
Sobrevivió a Napoleón.
Sobrevivió a la Revolución Francesa.
Sobrevivió a la desaparición de la mayoría de las monarquías europeas.
Sobrevivió a dos guerras mundiales.
La Crisis con Francisco
Pero en el siglo XXI enfrentó una de las mayores crisis de toda su historia.
La crisis comenzó formalmente en 2016 con el enfrentamiento entre el Gran Maestre Fra’ Matthew Festing y el Gran Canciller Albrecht von Boeselager.
Lo que inicialmente parecía una controversia administrativa relacionada con programas humanitarios terminó convirtiéndose en una lucha institucional de enormes proporciones.
El Papa Francisco intervino directamente.
Constituyó una comisión investigadora.
La controversia escaló.
Y finalmente Festing presentó su renuncia en enero de 2017 después de reunirse con el Papa.
Muchos miembros de la Orden interpretaron aquel acontecimiento como una intervención sin precedentes en la soberanía histórica melitense.
A partir de ese momento comenzó una etapa completamente nueva.
Francisco nombró delegado especial para la Orden al cardenal Angelo Becciu.
Durante varios años Becciu se convirtió en el principal representante pontificio en el proceso de reforma.
Pero la historia dio un giro inesperado.
El mismo Papa que había depositado en Becciu una enorme confianza terminó apartándolo de sus funciones tras el estallido de los escándalos financieros que sacudieron al Vaticano.
La ironía era evidente.
Francisco había colocado a Becciu en el centro del proceso de reforma.
Y después lo retiró.
Entre tanto, la propia Orden continuaba atravesando una etapa de inestabilidad.
Tras la salida de Festing fue elegido Fra’ Giacomo Dalla Torre del Tempio di Sanguinetto, miembro de una antigua familia aristocrática italiana.
Dalla Torre intentó estabilizar la institución en medio de crecientes tensiones.
Murió el 29 de abril de 2020 en medio de la pandemia del covid 19.
Su desaparición tuvo una resonancia especial en Roma.
No solamente porque era el Gran Maestre.
También porque pertenecía a una familia profundamente vinculada a la vida intelectual y jurídica vaticana.
Su hermano, Giuseppe Dalla Torre del Tempio di Sanguinetto, era uno de los juristas más prestigiosos del Vaticano, rector histórico de la LUMSA y presidente del Tribunal del Estado de la Ciudad del Vaticano.
Giuseppe falleció pocos meses después, el 3 de diciembre de 2020.
La desaparición sucesiva de ambos hermanos llamó profundamente la atención en los ambientes romanos.
Posteriormente fue elegido Fra’ Marco Luzzago como Lugarteniente del Gran Maestre.
Luzzago representaba una figura de transición mientras continuaba el proceso de reforma impulsado desde Roma.
Pero también él murió inesperadamente en junio de 2022.
Así, en pocos años, la Orden perdió sucesivamente a Festing como Gran Maestre, a Dalla Torre, a Giuseppe Dalla Torre como principal magistrado vaticano, a Becciu como delegado especial y a Luzzago como jefe interino.
Todo ello mientras se desarrollaba la más profunda reforma institucional de la Orden desde el siglo XVIII.
Finalmente Francisco promulgó personalmente la nueva Carta Constitucional y el nuevo Código Melitense en septiembre de 2022.
La Orden salió transformada.
Sus partidarios sostienen que la reforma era indispensable.
Sus críticos consideran que representó una reducción histórica de la autonomía melitense.
En Roma, como siempre, surgieron múltiples interpretaciones.
Numerosos observadores comenzaron a señalar la creciente influencia de determinados círculos de poder dentro del Vaticano.
Uno de los nombres mencionados con mayor frecuencia fue el de Edgar Peña Parra, Sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado desde 2018.
Por la naturaleza misma de su cargo, Peña Parra ocupaba una de las posiciones más influyentes de la Curia Romana.
Prácticamente toda la información relevante destinada al Papa pasaba por estructuras administrativas bajo su coordinación.
Esto había de provocar que en numerosos análisis, comentarios y testimonios apareciera asociado a los mecanismos internos de decisión del pontificado.
Sin embargo, el historiador está obligado a distinguir entre hechos y percepciones.
Los hechos están documentados.
Francisco intervino la Orden.
Festing salió.
Becciu fue nombrado.
Becciu cayó.
Murieron Giacomo Dalla Torre, Giuseppe Dalla Torre y Marco Luzzago.
La nueva Constitución fue impuesta desde la Santa Sede.
Todo eso pertenece al terreno de los hechos.
Las interpretaciones sobre quién influyó, qué informes pesaron más, qué relaciones personales determinaron determinadas decisiones y qué papel desempeñaron los distintos grupos de poder vaticanos continúan siendo materia de debate histórico.
Quizás dentro de varias décadas, cuando nuevos documentos sean accesibles, los historiadores podrán comprender mejor lo ocurrido.
Por ahora resulta evidente que la crisis de la Orden de Malta no fue simplemente una disputa administrativa.
Fue el choque entre dos visiones de la Iglesia.
Por un lado, una institución casi milenaria cuya identidad se había formado a través de siglos de autonomía, tradición aristocrática y soberanía internacional.
Por el otro, un pontificado decidido a reformar estructuras que consideraba necesitadas de renovación.
Y es aquí donde la historia completa el círculo.
Cuatro siglos antes, Pablo V Borghese y Urbano VIII Barberini utilizaron el poder pontificio para fortalecer instituciones aristocráticas vinculadas a sus familias.
Francisco utilizó ese mismo poder para reformar una de esas instituciones históricas.
Los primeros construyeron una estructura de larga duración.
El segundo intentó transformarla.
Las huellas de los Borghese y los Barberini continúan visibles en los mapas de Roma, en Ponte Lupo, en los antiguos dominios de los Castelli Romani y en el histórico Baliaggio de San Sebastiano.
Las huellas de Francisco permanecerán en la nueva configuración de la Orden de Malta.
El tiempo dirá cuál de las dos herencias resultará más duradera.
Fuentes: Filippo Neri, Memorie di Roma; Fondo Ambiente Italiano (FAI), documentación sobre Ponte Lupo y el Baliaggio Barberini; Istituto Italiano di Cultura di Parigi, “La famiglia Barberini, la bellezza del destino”; documentación oficial de la Soberana Orden Militar de Malta (2017-2024); Carta Constitucional y Código Melitense de 2022; comunicados oficiales de la Santa Sede; biografías oficiales de Fra’ Matthew Festing, Fra’ Giacomo Dalla Torre del Tempio di Sanguinetto, Giuseppe Dalla Torre del Tempio di Sanguinetto, Fra’ Marco Luzzago y el cardenal Giovanni Angelo Becciu; estudios históricos sobre Pablo V Borghese, Urbano VIII Barberini, Scipione Borghese y la Orden de Malta.
