
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Dearborn, Balaguer y el testimonio de Tutín Sánchez.
Durante más de un cuarto de siglo ha permanecido prácticamente inadvertida una contradicción documental relacionada con los últimos meses de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, con Joaquín Balaguer y con el representante norteamericano Henry Dearborn.
La historia comienza en junio de 1997.
Ese mes, el general retirado Fernando Sánchez hijo, Tutín, me hizo una revelación que incorporé posteriormente a la tercera edición revisada y ampliada de mi libro Tumbaron al Jefe, publicada en febrero de 1999.

Bajo el subtítulo “Dicen que Balaguer lo Sabía…”, escribí que Tutín Sánchez sostenía que, días antes del atentado del 30 de mayo de 1961, el cónsul norteamericano Henry Dearborn había visitado discretamente, por la parte de atrás, la residencia del presidente Joaquín Balaguer en la avenida Máximo Gómez.
No presenté aquella información como un documento oficial norteamericano. La presenté exactamente por lo que era: un testimonio que Tutín Sánchez me había comunicado personalmente en 1997.
Tutín, a su vez, atribuía aquella información a Johnny Abbes García, el temido jefe del Servicio de Inteligencia Militar y uno de los hombres mejor informados del régimen.
Ese detalle es fundamental.

No se trataba de una afirmación mía construida retrospectivamente, sino de la reproducción identificada de una fuente oral proveniente del interior del aparato trujillista.
Ese mismo año de 1999, Bernardo Vega publicó Los Estados Unidos y Trujillo: los días finales, 1960-61. En la página 699, al narrar la entrevista celebrada entre Dearborn y Balaguer el 4 de junio de 1961, Vega dedicó una nota al pie específicamente a mi publicación y al testimonio de Tutín Sánchez.

La nota dice:
“Dearborn confirmó al autor, por escrito (marzo 11, 1999), que esa fue su primera y única entrevista con Balaguer.”
Vega continúa citando mi libro, Tumbaron al Jefe, edición de 1999, página 60, y concluye que la aseveración de Tutín Sánchez acerca de la visita discreta de Dearborn a Balaguer antes del 30 de mayo “es, pues, falsa”. Añade que Dearborn era atacado entonces por la prensa trujillista y que Balaguer difícilmente podía reunirse con él sin que Trujillo se enterara.
Los Estados Unidos y Trujillo 699-700.pdf
La conclusión parecía contundente.
Pero hoy disponemos de documentación oficial norteamericana que obliga a reconsiderarla.
El telegrama que estaba en las microfichas
El 9 de febrero de 1960, dieciséis meses antes de la entrevista del 4 de junio de 1961, Henry Dearborn envió desde Ciudad Trujillo el telegrama número 431 al Departamento de Estado.
El documento no apareció en el volumen impreso del Foreign Relations of the United States que muchos investigadores consultamos durante años. Estaba en el Microfiche Supplement del volumen V, hoy accesible digitalmente en la página oficial del Departamento de Estado.
Dearborn escribió:
“Today I accompanied Senator Smathers to remarkable interview with Generalissimo.”
Y enumeró inmediatamente a los presentes:
“Also present were President Hector Trujillo, Vice President Balaguer, Secretary De Moya, William D. Pawley…”
Por tanto, no existe duda alguna de que Henry Dearborn y Joaquín Balaguer estuvieron físicamente juntos en la misma reunión el 9 de febrero de 1960. El propio Dearborn lo dejó consignado aquella misma noche en un telegrama confidencial y prioritario al Departamento de Estado.
El documento añade incluso que, concluida la entrevista, Trujillo condujo a todos los presentes a la capilla del Palacio, donde fueron tomadas fotografías.
No estamos ante recuerdos escritos cuarenta años después.
Estamos ante la documentación contemporánea producida por el propio Dearborn.
Smathers lo confirma
Existe además una corroboración independiente.
En su historia oral conservada por la Oficina Histórica del Senado de Estados Unidos, el senador George Smathers recordó aquella visita a Trujillo. Cuando el entrevistador mencionó a Joaquín Balaguer, Smathers respondió:
“When I went to see Trujillo, Balaguer was there in the room.”
Es decir: Balaguer estaba en la habitación cuando Smathers se entrevistó con Trujillo.
Coinciden así dos testimonios independientes: el telegrama contemporáneo de Dearborn y el recuerdo posterior de Smathers.
Todavía hay más
La relación política indirecta entre Balaguer y el representante norteamericano aparece nuevamente en otro documento oficial.
En febrero de 1961, Dearborn informó a Washington que Balaguer había dicho a un “high ranking friend of mine”, en conversación transmitida confidencialmente a Dearborn, que Ramfis Trujillo era “the worst of the lot”.
Dearborn añadió expresamente:
“this information given me in utmost confidence”.
Por tanto, antes de la muerte de Trujillo, información política confidencial procedente de Balaguer estaba llegando al representante norteamericano, aunque ese documento no demuestra que Balaguer se la transmitiera personalmente.

Y en abril de 1961, pocas semanas antes del magnicidio, Balaguer participó también en las conversaciones mantenidas en el Palacio Nacional con Robert Daniel Murphy, enviado de alto nivel vinculado a la política de la administración Kennedy. La documentación de Murphy confirma las conversaciones privadas e informales celebradas los días 15 y 16 de abril con Balaguer, Trujillo y otros funcionarios dominicanos.
¿Qué demuestra realmente todo esto?
Aquí es donde debe hacerse la distinción histórica fundamental.
El telegrama de febrero de 1960 no demuestra por sí solo que Dearborn visitara clandestinamente la residencia de Balaguer días antes del 30 de mayo de 1961.
Ese episodio sigue descansando, hasta que aparezca documentación adicional, en el testimonio oral de Tutín Sánchez acerca de lo que le habría dicho Johnny Abbes.
Pero los documentos sí demuestran otra cosa importante:
no era históricamente sostenible descartar categóricamente aquel testimonio simplemente sobre la base del recuerdo de Dearborn de 1999.
Dearborn escribió en marzo de 1999, según Vega, que el encuentro del 4 de junio de 1961 había sido su “primera y única entrevista” con Balaguer.
Los Estados Unidos y Trujillo 699-700.pdf
Sin embargo, el Dearborn de 9 de febrero de 1960 había dejado documentado que él y Balaguer participaron juntos en una reunión de extraordinaria importancia política.
Por ello debemos distinguir entre “entrevista”, en el sentido posiblemente formal de conversación directa entre Dearborn y Balaguer, y encuentro o contacto personal.
Los documentos prueban el segundo.
No prueban necesariamente que ambos mantuvieran una entrevista bilateral aquel día.
Precisamente por eso resulta metodológicamente excesiva la conclusión de Vega: “es, pues, falsa”.
El documento de 1960 no permite demostrar todavía que Tutín Sánchez tenía razón sobre la entrada de Dearborn por la parte posterior de la casa de Balaguer. Pero tampoco permite utilizar el recuerdo de Dearborn, cuarenta años después, como una prueba concluyente de que aquella visita era imposible.
El problema de la memoria
La historia se escribe estableciendo una jerarquía entre las fuentes.
Una carta escrita en 1999 por un hombre de edad avanzada relatando lo ocurrido cuarenta años antes merece consideración.
Pero un telegrama escrito por ese mismo hombre la noche misma de los acontecimientos de 1960, dirigido oficialmente al Departamento de Estado, tiene un valor documental necesariamente superior para establecer dónde estuvo, con quién estuvo y qué ocurrió.
No hace falta formular ningún diagnóstico médico sobre Dearborn.
Basta algo mucho más sencillo:
su memoria de 1999 debe ser contrastada con sus propios documentos contemporáneos de 1960 y 1961.
Y cuando hacemos ese contraste, encontramos que Dearborn y Balaguer ya habían estado juntos el 9 de febrero de 1960.
La documentación norteamericana incluso demuestra que, antes del 30 de mayo, información confidencial procedente de Balaguer llegaba al círculo de Dearborn.
Veintisiete años después
La cuestión no consiste en sustituir una afirmación categórica por otra.
Consiste en corregir el método.
En 1999 yo publiqué una información atribuyéndola claramente a Fernando Sánchez hijo, Tutín, quien me la comunicó personalmente en 1997.
Bernardo Vega decidió descalificarla basándose en una carta privada de Dearborn fechada el 11 de marzo de 1999.
Hoy podemos colocar al lado de aquella carta el telegrama oficial que Dearborn escribió el 9 de febrero de 1960.
Y ese documento establece un hecho incontrovertible:
Henry Dearborn y Joaquín Balaguer habían estado frente a frente en una misma reunión dieciséis meses antes del 4 de junio de 1961.
La visita clandestina relatada por Tutín Sánchez queda todavía pendiente de confirmación documental independiente.
Pero la prueba utilizada en 1999 para declararla simplemente “falsa” ya no puede considerarse concluyente.

La historia, cuando aparecen nuevos documentos, obliga a volver sobre lo escrito.
Y algunas veces una microficha olvidada durante décadas puede cambiar completamente el peso de una vieja polémica.
