
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Monseñor Fortunatus Nwachukwu es actualmente secretario del Dicasterio para la Evangelización, en la Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, responsabilidad para la cual fue nombrado por el papa Francisco en 2023.

Trabaja junto al cardenal Luis Antonio Tagle, proprefecto de esa misma sección del Dicasterio para la Evangelización y nuevo decano del Colegio Cardenalicio, cuya elección fue aprobada por el papa León XIV el 8 de octubre de 2026 y anunciada al día siguiente.
Desde ese cargo, Fortunatus participa en el impulso de la actividad misionera y la cooperación entre las Iglesias locales. Su intervención en el primer congreso internacional de la «Iglesia de las Gavillas», inaugurado el 22 de octubre de 2026 en la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, expresa esa dimensión de su servicio.
Para mí, Fortunatus es también un amigo cuya cercanía recuerdo desde los primeros días de mi misión diplomática ante la Santa Sede. Su trabajo actual trae a mi memoria una relación que reúne encuentros personales, colaboración institucional y gestos de reconocimiento hacia la República Dominicana.

En 2012, al recibir de mis manos una condecoración dominicana en Roma, expresó su agradecimiento al presidente Leonel Fernández y al Gobierno de la República Dominicana por el respaldo ofrecido a las gestiones de la Santa Sede contra la cristianofobia.
En aquella ocasión destacó la cooperación dominicana en Ginebra para incorporar ese término a instrumentos de derechos humanos de las Naciones Unidas, frente a la resistencia de algunos países. Me pidió transmitir al presidente Fernández y a su Gobierno su profunda gratitud por la distinción que le había sido concedida.
La ceremonia se celebró en nuestra residencia diplomática de Via di Porta Angelica 63, 00193 Roma. Fortunatus, entonces jefe de Protocolo de la Secretaría de Estado de Benedicto XVI, recibió la Orden Heráldica de Cristóbal Colón, en el grado de Gran Oficial, otorgada por el presidente Fernández.

Al agradecerla, manifestó que veía en ella un reconocimiento a su persona, a la Santa Sede y a sus colaboradores de la Oficina de Protocolo y de la Secretaría de Estado. También tuvo palabras de aprecio por mi disposición hacia el trabajo cotidiano del Protocolo. Fue una ceremonia en la que confluyeron la cooperación entre nuestras instituciones y el afecto cultivado durante los años de servicio diplomático.
La cristianofobia, entendida como hostilidad, discriminación u odio contra los cristianos por su fe, plantea un problema de libertad religiosa y de respeto a la dignidad humana. Defender a una persona frente a la persecución por sus creencias es defender un derecho que debe amparar a todos. En ese ámbito se situaba el respaldo dominicano que Fortunatus quiso reconocer públicamente.
Me acompañó mi esposa, Rita De Moya. Estuvieron presentes los embajadores Humberto Díaz, de Estados Unidos; Fernando Zegers Santa Cruz, de Chile; y Emilio Valladares Lanza, de Honduras, quien era además decano del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede. Las crónicas mencionan también a las esposas de los representantes estadounidense y hondureño.
Por la Secretaría de Estado participaron, entre otros, los monseñores Francisco Javier Froján Madero, Guillermo Karcher y Paolo Gualtieri. Asistieron asimismo las ministras consejeras de nuestra embajada, Dolores M. Cedeño Pérez y Altagracia Santana de Bosch.
La crónica publicada el 26 de julio de 2012 sitúa la entrega el miércoles anterior, lo que apunta al 25 de julio. Una fotografía conserva a Fortunatus pronunciando sus palabras de agradecimiento, acompañado por los embajadores de Estados Unidos, Honduras y la República Dominicana. Es una imagen de nuestra actividad diplomática y del reconocimiento que nuestro país quiso expresarle.
Monseñor Paolo Rocco Gualtieri, uno de los presentes, es actualmente nuncio apostólico en el Perú, misión para la cual fue nombrado por el papa Francisco el 6 de agosto de 2022. Su nombre enlaza aquel encuentro en nuestra residencia con las responsabilidades que hoy desempeñan personas con quienes compartimos el trabajo en Roma.
Mi amistad con Fortunatus había comenzado tres años antes.
Llegué a Roma el sábado 21 de marzo de 2009. La residencia diplomática y las oficinas de la Embajada de la República Dominicana ante la Santa Sede se encontraban entonces en Lungotevere Marzio 3, 00186 Roma, Italia. El lunes 23, apenas dos días después de mi llegada, recibí allí la visita de monseñor Fortunatus, quien desempeñaba la jefatura de Protocolo de la Secretaría de Estado.
Me informó que Benedicto XVI me recibiría para la presentación de mis cartas credenciales después de regresar de su viaje apostólico a África. El Papa visitó Camerún y Angola del 17 al 23 de marzo de 2009. Mientras comenzábamos a instalarnos en Roma, él concluía aquella visita pastoral.
Recuerdo con gratitud la atención de Fortunatus. Para un embajador que acababa de llegar, recibir personalmente esa noticia significaba mucho. Comenzaba una misión que se extendería durante casi once años y que ocuparía una parte importante de mi vida y de la de mi familia.
El viernes 3 de abril de 2009, a las once de la mañana, presenté mis cartas credenciales a Benedicto XVI. El boletín oficial de audiencias me registra como el único embajador recibido aquel día para ese propósito. Fue una ceremonia individual, que viví como una distinción y un verdadero privilegio.
Durante los días anteriores, mi esposa, mis hijas y yo habíamos custodiado cuidadosamente las cartas que el presidente Leonel Fernández dirigía al Papa. Las llevábamos con nosotros cuando salíamos por Roma. Para nuestra familia eran un tesoro: contenían la representación de nuestro país y el comienzo formal de aquella responsabilidad.
Como relaté posteriormente en mi artículo Benedicto XVI: un Papa muy especial, el coloquio, habitualmente previsto para quince minutos, se prolongó durante veinticinco. Desde el principio hubo una comunicación fluida.
Benedicto XVI comenzó recordando la celebración, en 2011, de los quinientos años del primer obispado de América. Aproveché para invitarlo a acompañarnos. Sonrió y respondió: «Yo estoy en las manos de Dios».
Conversamos sobre la encíclica que preparaba acerca de la crisis social, ética y económica del mundo. Hablamos también de Juan Bosch, Joaquín Balaguer y su influencia en la vida dominicana. Le conté la respuesta de Balaguer a quienes cuestionaban su capacidad para gobernar por su ceguera: al Palacio Nacional «no se iba a ensartar agujas». El Papa sonrió.
Me respondía en español, aunque nos acompañaba un intérprete. Después entró mi familia a saludarlo. El Jueves Santo siguiente recibimos la eucaristía de sus manos. Aquellos encuentros dejaron en nosotros un recuerdo de cercanía que conservo hasta hoy.
En la presentación de credenciales, el Papa y el embajador intercambiaban entonces los textos escritos de sus discursos. El mensaje que Benedicto XVI me dirigió permanece íntegro, en español, en el archivo oficial del Vaticano.
Agradeció mis palabras y el saludo del presidente Fernández. Recordó las raíces católicas dominicanas, la referencia a santo Domingo de Guzmán en el nombre del país y el quinto centenario de la arquidiócesis de Santo Domingo.
Explicó que Iglesia y Estado podían colaborar por la dignidad humana y el bien común, preservando su autonomía. Reconoció la labor educativa y asistencial de las instituciones católicas, incluida su atención a inmigrantes y personas vulnerables.
Defendió la vida desde la concepción hasta la muerte natural y la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer. Reconoció avances sociales y económicos, pero señaló tareas pendientes frente a la pobreza, el narcotráfico, la marginación y la violencia.
Su llamado al fortalecimiento institucional comprendió honestidad, transparencia, independencia judicial, protección ambiental y mejores servicios públicos. Insistió en combatir la corrupción por el sufrimiento que causa, especialmente a los pobres.
Concluyó asegurando su apoyo a mi familia y a la misión diplomática e invocando a Nuestra Señora de la Altagracia y a santo Domingo de Guzmán.
La portada de El Nacional del 3 de abril de 2009 muestra la repercusión inmediata del encuentro. Publicó nuestra fotografía, destacó el llamado pontificio contra la corrupción e incluyó una referencia a mi invitación para que visitara la República Dominicana. El periódico documentó la dimensión pública de una jornada que también tuvo para nosotros un profundo significado personal.
Con el tiempo cambió la práctica de los discursos. Durante el pontificado de Francisco, las audiencias individuales de presentación de credenciales de embajadores residentes se desarrollaban sin discurso pontificio. En las ceremonias colectivas de embajadores no residentes, solo el Papa pronunciaba un discurso; no había un intercambio con cada representante. Esa era la diferencia con la ceremonia que viví en 2009.
Fortunatus nació el 10 de mayo de 1960 en Ntigha, Nigeria, y fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1984. Su formación comprende doctorados en Teología y Derecho Canónico. Ingresó en el servicio diplomático de la Santa Sede en 1994 y fue nombrado jefe de Protocolo en 2007.
Su trayectoria posterior lo llevó a representar al Papa en Nicaragua, en varias nunciaturas del Caribe y ante organismos internacionales en Ginebra, antes de asumir sus actuales funciones en el Dicasterio para la Evangelización. Su experiencia reúne el conocimiento de comunidades católicas de distintas regiones y el trabajo diplomático.
Conservo una fotografía con él de junio de 2019, cuando yo seguía al frente de nuestra embajada. Al mirarla recuerdo la continuidad de una amistad nacida en los primeros días de mi llegada a Roma. Por eso, cuando leo noticias sobre Fortunatus, encuentro también referencias a una historia compartida.
Así ocurrió al conocer su intervención en el primer congreso internacional de la «Iglesia de las Gavillas».
Según la crónica de la hermana María del Pino Rodríguez de Rivera Olives, publicada por Vatican News, el encuentro fue concebido para tres días de trabajo, con responsables eclesiales, investigadores y agentes pastorales de los cinco continentes. Su lema expresa el propósito de la iniciativa: «Una Iglesia para todos: sinodal en el método, misionera en el espíritu, creíble en el amor».
El congreso se realiza en colaboración con la Facultad de Misionología de la Universidad Urbaniana y el Center for World Catholicism and Intercultural Theology de la Universidad DePaul. Forma parte de un programa impulsado por el Dicasterio para la Evangelización y codirigido por los padres Stan Chu Ilo y Jaeho Chung.
El proyecto se extiende hasta Pentecostés de 2028 e incluye un curso de catorce módulos, documentales, publicaciones, encuentros regionales y un pódcast. Busca prolongar la reflexión mediante actividades de formación y cooperación entre comunidades.
La palabra «gavillas» remite a los tallos de cereal recogidos y atados después de la siega. En este contexto representa los frutos de la siembra misionera. Es una imagen de la cooperación dentro de la Iglesia católica.
Fortunatus evocó el Salmo 126 y a los misioneros que abandonaron su patria para anunciar el Evangelio, muchas veces sin saber si regresarían. Los frutos de aquella entrega se manifiestan hoy en comunidades de África, Asia, Oceanía, el Caribe y América Latina.
Su planteamiento destaca una transformación: las Iglesias que recibieron misioneros también los envían. Cada comunidad tiene dones que ofrecer y experiencias de las que aprender. La misión se convierte así en una responsabilidad compartida.
Esa reciprocidad requiere compromisos concretos. Las Iglesias que envían deben procurar una formación humana, espiritual, cultural y pastoral sólida. Las comunidades receptoras deben acompañar a los misioneros, facilitar su aprendizaje de la lengua y ayudarlos a comprender la historia y la realidad del lugar. Quienes llegan, por su parte, están llamados a escuchar, aprender y servir con humildad.
También considero valiosa la atención que Fortunatus concede a la memoria histórica. Agradecer la entrega de tantos misioneros no obliga a ocultar abusos, faltas de respeto a las culturas locales o vínculos con el poder colonial. Reconocer esas heridas tampoco exige borrar el bien realizado. La historia merece ser examinada con honestidad y con atención a la diversidad de sus experiencias.
La propuesta comprende la hospitalidad hacia los migrantes, el encuentro entre culturas y la participación de las comunidades. Incluye asimismo los desafíos de los espacios digitales donde muchas personas buscan orientación, sentido y pertenencia.
Encuentro una relación entre estos asuntos y mi experiencia diplomática. Representar a un país ante la Santa Sede implica atender documentos, ceremonias y relaciones institucionales. Implica también conocer personas, escuchar sus preocupaciones y sostener la colaboración a lo largo de los años.
Fortunatus está presente en mi memoria como el sacerdote que llegó a Lungotevere Marzio para anunciarme la audiencia con Benedicto XVI; como el amigo al que entregué una distinción dominicana en Via di Porta Angelica; y como el representante de la Santa Sede que expresó su agradecimiento al presidente Fernández y al Gobierno dominicano por su cooperación.
Hoy leo sus reflexiones sobre las semillas, las gavillas y los dones que las comunidades cristianas pueden compartir. Pienso en la paciencia que requiere toda siembra, también la de las relaciones humanas.
Las instituciones conservan sus boletines y los periódicos sus portadas. Quienes vivimos aquellos encuentros conservamos, además, la memoria de los gestos y de las personas. Al recordar los años compartidos en Roma, vuelvo a una afirmación sencilla: somos amigos.
Fuentes documentales
Santa Sede: discurso de Benedicto XVI al embajador de la República Dominicana, 3 de abril de 2009.
Sala de Prensa: presentación de cartas credenciales, con indicación de la hora.
Sala de Prensa: audiencias del 3 de abril de 2009.
Santa Sede: viaje a Camerún y Angola, 17–23 de marzo de 2009.
Víctor Manuel Grimaldi Céspedes: «Benedicto XVI: un Papa muy especial», Noticias SIN.
Obras Misionales Pontificias: biografía de Fortunatus Nwachukwu.
Diario Libre: noticia de la condecoración de 2012.
Red de Comunicadores R. D.: crónica de la ceremonia y relación de asistentes.
Santa Sede: nombramiento de Paolo Rocco Gualtieri como nuncio en Perú, 6 de agosto de 2022.
Conferencia Episcopal Peruana: Nunciatura Apostólica.
ACI Stampa: práctica de las audiencias de credenciales durante el pontificado de Francisco, 7 de diciembre de 2024.
Vatican News: el cardenal Tagle, nuevo decano del Colegio Cardenalicio.
Agencia Fides: aprobación de la elección del cardenal Tagle como decano.
Vatican News: primer congreso internacional de la Iglesia de las Gavillas.
