Por José Manuel Jerez
Hay trayectorias políticas que se explican por las veces en que se conquista el poder. Otras exigen examinar lo que un dirigente es capaz de construir después de haber dejado atrás el partido que lo llevó hasta él. La de Leonel Fernández comienza a reunir ambas dimensiones. Gobernó durante doce años, rompió con la organización de sus tres victorias presidenciales y hoy encabeza un proyecto desde el que aspira a regresar al Palacio Nacional. De ahí mi tesis: Leonel Fernández puede llegar a convertirse en el líder político más exitoso de la historia dominicana. No lo proclamo como una distinción ya conquistada, sino como una posibilidad histórica que merece ser explicada.
Fernández fue presidente de la República entre 1996 y 2000, y entre 2004 y 2012. Sus triunfos de 1996, 2004 y 2008 se produjeron al frente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fundado por Juan Bosch en 1973. Su liderazgo fue decisivo en aquella trayectoria, pero el PLD poseía una historia, una doctrina, una militancia y una cultura organizativa anteriores a su primera elección. Reconocer ese punto no reduce los méritos de Fernández: permite apreciar, con mayor precisión, el desafío que asumiría después.
La ruptura de 2019 cambió la naturaleza de su itinerario político. Al separarse del PLD, Fernández dejó de contar con el partido desde el cual había alcanzado tres veces la Presidencia. Su capital de liderazgo seguía siendo considerable; lo que debía demostrar ahora era su capacidad para traducirlo en una fuerza con identidad, estructuras territoriales, militancia y vocación nacional de poder. Después de haber llegado a la cima, le correspondía afrontar una prueba singular: volver a construir el camino.
Los resultados presidenciales muestran la dimensión del cambio. Sumados los votos de las respectivas alianzas, la candidatura de Fernández obtuvo el 8,90 % en 2020 y el 28,85 % en 2024. Revelando una expansión electoral notable en cuatro años y el paso de Fuerza del Pueblo a una posición central entre las fuerzas que compiten por el gobierno.
Ese avance no predetermina las elecciones de 2028. La voluntad popular no se hereda ni se anticipa: debe conquistarse en cada proceso, bajo circunstancias nuevas y frente a alternativas reales. Precisamente por ello, una eventual cuarta victoria de Fernández tendría valor propio. No sería una prolongación automática de su pasado, sino una nueva decisión del electorado sobre un liderazgo que debió reorganizar su plataforma política después de una ruptura decisiva.
Conviene dejar inequívoca mi posición. Considero que Leonel Fernández debe ser el candidato presidencial de Fuerza del Pueblo en 2028. Este análisis no plantea, de manera expresa ni implícita, sustituirlo por otra figura. La hipótesis inmediata que examino es su regreso a la Presidencia de la República bajo la bandera de la organización que encabeza. La posibilidad de que ese partido produzca, en el futuro, otros liderazgos presidenciales corresponde a un capítulo distinto: el de la continuidad de su legado.
Si Fernández alcanzara un cuarto mandato desde Fuerza del Pueblo, no estaríamos únicamente ante la suma de una presidencia más a las tres anteriores. Se trataría de un hecho políticamente diferente: el retorno al poder de un expresidente que, tras separarse de la organización de sus anteriores victorias, contribuyó a levantar otra plataforma de alcance nacional. La novedad histórica no descansaría, por tanto, en el número cuatro, sino en el recorrido que habría hecho posible llegar a él.
En política, conservar una estructura victoriosa es una prueba de conducción; recomponer las condiciones para competir después de perder ese instrumento constituye otra. No todos los dirigentes que conocen la Presidencia son capaces de emprender una reconstrucción semejante. Si Fernández consiguiera culminarla con una nueva victoria, sus doce años de gobierno y la transformación de Fuerza del Pueblo se leerían como partes de una misma trayectoria, aunque respondan a desafíos distintos.
¿Qué significa, entonces, ser el líder político más exitoso? Si el criterio exclusivo fueran los años de gobierno, Balaguer ocuparía un lugar privilegiado. Si se tratara únicamente de crear organizaciones que trasciendan al fundador, la obra de Bosch sería un referente formidable. Mi planteamiento propone considerar otra combinación: tres presidencias personales, una ruptura con el partido de esas victorias, la reconstrucción de una plataforma política distinta y la posibilidad de conquistar desde ella un nuevo mandato. No es una fórmula universal para medir toda grandeza política; es un criterio preciso desde el cual la eventual excepcionalidad de Fernández puede discutirse con fundamento.
Por eso, éxito electoral y legado democrático no son expresiones equivalentes. Ganar elecciones constituye una capacidad política; gobernar con respeto al Estado de derecho, fortalecer las instituciones, rendir cuentas y producir resultados para la ciudadanía plantea exigencias adicionales. La grandeza de un liderazgo no se mide únicamente por su aptitud para llegar al Palacio Nacional, sino también por la calidad de lo que hace desde allí y por las instituciones que deja a su paso.
Hay todavía una dimensión que pertenece al porvenir. Si, después de un eventual gobierno de Fernández, Fuerza del Pueblo conservara solidez institucional y algún día llegara a la Presidencia con otro de sus dirigentes, esa continuidad ampliaría la trascendencia de la obra política que él ha encabezado. Nada de ello implica proponer un relevo en 2028. Significa, sencillamente, que la permanencia de una organización más allá de la candidatura de su principal líder es una de las pruebas más exigentes de madurez partidaria.
La historia no ha pronunciado todavía su veredicto. Lo que ya existe son tres presidencias, una ruptura de gran alcance y una nueva fuerza política que ha demostrado capacidad de expansión electoral. Lo que falta pertenece al terreno de la competencia democrática y del tiempo: conquistar un cuarto mandato desde esa organización y contribuir a que su institucionalidad perdure. Solo entonces la hipótesis de una trayectoria excepcional contará con fundamentos todavía más poderosos.
Hay victorias que otorgan un mandato y victorias que modifican el significado de toda una trayectoria. Si Leonel Fernández regresa a la Presidencia en 2028 bajo la bandera de Fuerza del Pueblo, su cuarta victoria no solo ampliaría el número de sus gobiernos: confirmaría su capacidad para reconstruir, después de una ruptura, el camino hacia el poder. Y si la organización que encabeza demuestra después que puede permanecer y renovarse, la tesis que hoy sostengo adquiriría una fuerza histórica singular: Leonel Fernández podría llegar a convertirse en el líder político más exitoso de la República Dominicana. Porque las presidencias se cuentan por mandatos; la trascendencia de un liderazgo se mide por lo que permanece.
