Por José Manuel Jerez
Las grandes coyunturas históricas suelen revelar la diferencia entre quienes simplemente administran las circunstancias y aquellos líderes capaces de interpretar los desafíos de su tiempo desde una perspectiva estratégica y de largo alcance. Los estadistas no se limitan a reaccionar frente a los acontecimientos; procuran comprender sus causas profundas y ofrecer soluciones racionales, sostenibles y compatibles con el interés nacional. La reciente intervención del expresidente de la República, doctor Leonel Fernández, sobre el denominado “Plan Anticrisis para la Sostenibilidad y la Protección de la Economía”, constituye una nueva manifestación de ese liderazgo sustentado en la experiencia, el conocimiento y la visión de futuro.
Más allá de las naturales diferencias políticas que caracterizan a toda democracia pluralista, resulta innegable que la argumentación presentada por el líder de la Fuerza del Pueblo trasciende el ámbito de la confrontación partidaria para situarse en el terreno de la economía política y de las finanzas públicas. Al cuestionar la pertinencia de nuevas cargas tributarias en un contexto en el que las propias autoridades monetarias destacan la resiliencia y el crecimiento de la economía dominicana, Fernández pone de manifiesto una contradicción que no puede ser ignorada: si la economía crece y las perspectivas son favorables, carece de lógica económica invocar una situación de crisis para justificar mayores impuestos.
El razonamiento expuesto por el exmandatario remite a uno de los debates fundamentales de la teoría económica contemporánea: la diferencia entre los problemas de ingresos y los problemas de gasto. La evidencia demuestra que los desequilibrios fiscales no siempre tienen su origen en una insuficiencia recaudatoria. Con frecuencia, responden a un crecimiento desproporcionado del gasto corriente y a una deficiente asignación de los recursos públicos. Al señalar que el incremento del gasto gubernamental ha superado ampliamente el comportamiento de la inflación y que cerca del noventa por ciento del presupuesto ejecutado se destina al sostenimiento del aparato estatal, el expresidente coloca la discusión en su verdadera dimensión: la eficiencia del gasto y las prioridades nacionales.
Se trata de un planteamiento que coincide con las recomendaciones formuladas por organismos multilaterales y con las principales escuelas del pensamiento económico, las cuales han advertido reiteradamente sobre los riesgos derivados de estructuras presupuestarias excesivamente concentradas en gastos corrientes. El desarrollo sostenible de una nación exige fortalecer la inversión en infraestructura, educación, innovación tecnológica y capital humano. Ningún país ha alcanzado niveles superiores de desarrollo sacrificando la inversión pública productiva en beneficio de un crecimiento incesante de la burocracia y del gasto operativo.
Especial relevancia adquiere, asimismo, la defensa realizada por Fernández de los principios de equidad y justicia tributaria. Su propuesta de aplicar plenamente la indexación salarial contemplada en el Código Tributario, restablecer la deducción integral de los gastos educativos y respaldar las iniciativas legislativas promovidas por el senador Omar Fernández en favor de las micro, pequeñas y medianas empresas, revela una concepción moderna de la política fiscal, orientada no exclusivamente a recaudar, sino también a estimular la producción, fortalecer las clases medias y favorecer la generación de riqueza. En definitiva, una visión que comprende que el crecimiento económico y la justicia social constituyen dimensiones complementarias y no objetivos contrapuestos.
No menos significativa resulta la incorporación del análisis geopolítico a la discusión económica. La referencia a la evolución de los precios internacionales del petróleo y a las tensiones en Medio Oriente demuestra una comprensión integral de la economía global y de sus repercusiones sobre las finanzas nacionales. Esa capacidad para interpretar los acontecimientos internacionales y anticipar sus efectos sobre la realidad doméstica constituye una de las características distintivas de los auténticos hombres de Estado. En un mundo crecientemente interdependiente, gobernar exige pensar globalmente para actuar eficazmente en el ámbito nacional.
La intervención del expresidente revela, además, una concepción democrática y responsable del ejercicio opositor. En las democracias maduras, la oposición no cumple su papel mediante la mera negación de las iniciativas gubernamentales, sino ofreciendo alternativas viables y sometiendo al escrutinio público las decisiones del poder. El debate sustentado en cifras oficiales, en argumentos técnicos y en propuestas concretas constituye una expresión de madurez institucional y un aporte al fortalecimiento de la deliberación democrática.
A lo largo de las últimas décadas, Leonel Fernández ha logrado construir un liderazgo singular en la vida pública dominicana. Su legado no se limita a las transformaciones físicas e institucionales impulsadas durante sus administraciones. Comprende también una extraordinaria contribución al fortalecimiento del pensamiento estratégico, la promoción del conocimiento y la inserción internacional de la República Dominicana. Desde la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE) hasta su activa participación en los grandes debates internacionales, ha proyectado una concepción del liderazgo político basada en las ideas, la reflexión académica y la comprensión de las grandes tendencias que configuran el mundo contemporáneo.
Por ello, la reciente alocución del expresidente Leonel Fernández trasciende la coyuntura específica de una reforma tributaria. En realidad, plantea una reflexión mucho más profunda sobre el modelo de administración pública, las prioridades del gasto y el tipo de Estado que demanda la República Dominicana del siglo XXI. El verdadero desafío no consiste únicamente en recaudar más, sino en administrar mejor; no radica exclusivamente en aumentar impuestos, sino en hacer más eficiente el uso de los recursos públicos.
En tiempos caracterizados por la incertidumbre internacional y por profundas transformaciones económicas y geopolíticas, las naciones requieren liderazgos dotados de experiencia, capacidad intelectual y visión estratégica. Esa combinación de atributos explica por qué Leonel Fernández continúa siendo una de las figuras políticas de mayor gravitación en la República Dominicana y uno de los principales referentes del pensamiento democrático y reformista en América Latina. En una época dominada por la inmediatez y la improvisación, la voz del estadista conserva un valor insustituible para la construcción del porvenir nacional.
