
Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Lunes, 27 de julio de 2026
Los mercados internacionales comenzaron la semana respirando con cierto alivio. No porque haya terminado la crisis entre Estados Unidos e Irán, ni porque el estrecho de Ormuz haya dejado de ser uno de los puntos más vulnerables del sistema energético mundial, sino porque ambas partes suspendieron temporalmente sus ataques.
Esa pausa fue suficiente para provocar una fuerte caída del petróleo. El Brent, que apenas el jueves pasado había superado los cien dólares por barril, descendió este lunes alrededor de un 8 %, hasta cerrar cerca de US$88.90. El West Texas Intermediate, referencia estadounidense, cayó aproximadamente un 7.5 %, hasta US$82.56 por barril. (Reuters)
No se trata de una disminución menor. En pocos días el mercado pasó del temor a una interrupción simultánea del estrecho de Ormuz y del Mar Rojo a la esperanza, todavía frágil, de una solución diplomática.
El movimiento demuestra hasta qué punto el precio del petróleo contiene ahora una prima geopolítica. No ha aparecido repentinamente una nueva reserva petrolera, ni ha aumentado de manera espectacular la producción mundial. Lo que cambió fue la percepción del riesgo. Al reducirse la posibilidad inmediata de ataques contra buques, puertos e instalaciones energéticas, una parte considerable del sobreprecio desapareció.
Sin embargo, sería prematuro interpretar esta caída como el regreso definitivo a la normalidad.
El petróleo baja desde los cien dólares
Durante la semana pasada, el Brent alcanzó los US$100.69 por barril, impulsado por los ataques contra petroleros en el Mar Rojo y por la casi paralización del comercio a través del estrecho de Ormuz. (Reuters)
Este lunes ocurrió el movimiento contrario. La suspensión de los ataques redujo el temor de que millones de barriles quedaran atrapados dentro del Golfo Pérsico. También disminuyó, al menos temporalmente, el riesgo de que la crisis provocara una escasez de gasolina, diésel y combustible de aviación.
Pero la tregua no ha eliminado las causas del conflicto. El tránsito marítimo continúa expuesto, las compañías navieras deberán evaluar los riesgos antes de normalizar completamente sus operaciones y los seguros de los buques probablemente seguirán incorporando una prima adicional.
El mercado petrolero puede caer ocho dólares en una jornada y recuperarlos en la siguiente si reaparecen los ataques. La volatilidad se ha convertido en la verdadera normalidad.
La situación confirma una tesis que hemos venido planteando: la geopolítica del petróleo ya no gira exclusivamente alrededor de los pozos y los yacimientos. También depende de las refinerías, los oleoductos, los puertos, los buques, los seguros y las rutas marítimas.
El barril puede existir físicamente, pero si no puede atravesar Ormuz, llegar a una refinería y ser distribuido hacia los mercados consumidores, su existencia no resuelve el problema.
El oro recupera terreno
El oro reaccionó de una manera aparentemente contradictoria. Mientras disminuía la tensión militar inmediata, el metal precioso subió.
El oro al contado terminó la jornada alrededor de US$4,074 por onza, mientras los futuros estadounidenses para agosto cerraron cerca de US$4,077. (Reuters)
La explicación está en las tasas de interés.
La caída del petróleo reduce las expectativas de inflación. Si la energía se abarata, disminuye también la presión para que la Reserva Federal eleve nuevamente sus tasas. Un escenario de tasas menos restrictivas favorece al oro, porque el metal no paga intereses y compite directamente con los bonos del Tesoro y otros activos financieros que sí ofrecen rendimiento.
Cuando suben las tasas, mantener oro resulta relativamente menos atractivo. Cuando se espera que las tasas permanezcan estables o comiencen a bajar, el metal recupera atractivo.
El oro también se benefició del ligero debilitamiento del dólar. Al estar denominado internacionalmente en moneda estadounidense, un dólar menos fuerte abarata su adquisición para quienes poseen euros, yenes, libras u otras monedas.
El gas natural también recibe un respiro
Los futuros del gas natural estadounidense descendieron hacia US$2.76 por millón de unidades térmicas británicas, aproximadamente un 4 % menos durante la jornada. (Trading Economics)
En Estados Unidos, el mercado permanece relativamente bien abastecido. La producción y los inventarios han evitado que la crisis internacional se traduzca en una subida semejante a la observada en el petróleo.
Pero el gas natural tiene dos mercados diferentes.
Está, por un lado, el gas que circula mediante gasoductos dentro de Estados Unidos. Y está, por otro, el gas natural licuado que viaja en buques hacia Europa, Asia y América Latina.
Es en este segundo mercado donde continúa el peligro. Una interrupción de Ormuz afectaría especialmente las exportaciones procedentes de Catar y de otros productores del Golfo. Aunque el precio estadounidense pueda permanecer moderado, el costo final de un cargamento de gas natural licuado también incluye la licuefacción, el transporte, los seguros y la competencia internacional por los buques disponibles.
Por eso, una tregua reduce el riesgo, pero no lo elimina.
El dólar espera a la Reserva Federal
El dólar se debilitó ligeramente frente a las principales monedas. El euro avanzó hasta aproximadamente US$1.1374, mientras la moneda estadounidense retrocedió frente al yen. (Reuters)
La disminución de las tensiones redujo la demanda de dólares como activo de refugio. Sin embargo, el movimiento fue limitado porque los inversionistas esperan la reunión de la Reserva Federal de esta semana.
El banco central estadounidense deberá decidir entre mantener las tasas sin cambios o responder nuevamente a unas presiones inflacionarias que todavía no han desaparecido. Los mercados consideran mayoritaria la posibilidad de que no haya modificación inmediata, aunque continúa existiendo una probabilidad significativa de endurecimiento monetario. (Reuters)
La caída del petróleo facilita la tarea de la Reserva Federal. Si el Brent hubiera permanecido por encima de cien dólares, el temor a una nueva ola inflacionaria habría aumentado. Con el petróleo nuevamente por debajo de noventa dólares, el banco central dispone de un poco más de espacio para esperar.
Una tregua no es todavía la paz
El mercado está actuando como si la suspensión de los ataques pudiera convertirse en un acuerdo más amplio. Pero una tregua militar temporal y una solución política duradera son cosas muy diferentes.
Irán conserva su capacidad para dificultar la navegación en el Golfo. Los grupos aliados de Teherán siguen presentes en distintos puntos de Oriente Medio. Los hutíes pueden continuar amenazando la navegación en el Mar Rojo. Y Estados Unidos mantiene fuerzas militares suficientes para reanudar sus operaciones.
Mientras esas condiciones persistan, el petróleo continuará incluyendo una prima de riesgo.
Lo ocurrido este lunes no significa que el mundo haya regresado al punto anterior a la crisis. Significa solamente que los operadores han reducido, por ahora, la probabilidad de su escenario más peligroso.
La República Dominicana recibe un alivio necesario
Para la República Dominicana, la caída del petróleo constituye una noticia favorable.
Nuestro país importa la mayor parte de los combustibles que consume. Cuando suben el petróleo y sus derivados, aumenta la factura petrolera, se presiona la balanza comercial y el Gobierno debe decidir entre trasladar el incremento a los consumidores o asumir una parte mediante subsidios.
Un Brent cercano a US$89, aunque todavía elevado, resulta considerablemente menos perjudicial que uno situado por encima de US$100.
La disminución puede aliviar los costos de la gasolina, el gasoil, el combustible de aviación y la generación eléctrica. También reduce las presiones indirectas sobre el transporte, la agricultura, la industria y la distribución de alimentos.
Ese alivio llega en un momento particularmente importante. La inflación interanual dominicana alcanzó 5.67 % en junio, por encima del límite superior del rango de meta de 4 % ± 1 %. La inflación subyacente se situó en 4.96 %. (Banco Central de la República Dominicana)
El Banco Central mantiene su tasa de política monetaria en 5.25 %, mientras la economía registró un crecimiento interanual de 6.4 % en junio y de 4.5 % durante el primer semestre. (Banco Central de la República Dominicana)
La autoridad monetaria enfrenta, por tanto, una combinación delicada: una economía que mantiene un crecimiento importante, pero con una inflación que ha vuelto a superar la meta.
La caída del petróleo ayuda porque reduce una de las principales fuentes externas de inflación. Pero el beneficio no llegará automáticamente ni de forma inmediata a todos los consumidores. Los precios internos dependen también de los inventarios existentes, los contratos de importación, los márgenes de distribución, los impuestos y la política semanal de subsidios.
Asimismo, el costo de los combustibles no depende solamente del precio del crudo. Depende del precio de los productos refinados. Una interrupción en las refinerías o un aumento de los márgenes de refinación puede impedir que toda la caída del petróleo se traduzca en gasolina y gasoil más baratos.
El verdadero riesgo dominicano
Para la República Dominicana, el escenario más peligroso no es únicamente un petróleo caro. Es la combinación simultánea de petróleo caro, dólar fuerte y transporte marítimo costoso.
Cuando esos tres factores coinciden, el país paga más por los combustibles, por los alimentos importados, por las materias primas, por los medicamentos y por numerosos bienes de capital.
Este lunes los tres riesgos se moderaron parcialmente. El petróleo cayó, el dólar perdió algo de fuerza y disminuyó la tensión sobre las rutas marítimas. Pero ninguno ha desaparecido.
La República Dominicana debe aprovechar estos episodios para fortalecer una política energética de largo plazo: mayor diversificación de la matriz eléctrica, expansión de las energías renovables, almacenamiento estratégico, reducción de pérdidas en el sistema eléctrico y contratos de suministro capaces de amortiguar la volatilidad internacional.
No podemos controlar lo que ocurra en el estrecho de Ormuz. Sí podemos reducir el grado en que cada crisis internacional se traslada a nuestra economía.
Las próximas horas
Los mercados observarán ahora tres acontecimientos.
El primero será la duración de la tregua entre Estados Unidos e Irán. El segundo, la normalización efectiva del tránsito petrolero por Ormuz y el Mar Rojo. El tercero, la decisión de la Reserva Federal.
Si la tregua se consolida y los buques regresan gradualmente a sus rutas habituales, el Brent podría mantenerse por debajo de noventa dólares o continuar descendiendo.
Si reaparecen los ataques, el mercado podría recuperar rápidamente las pérdidas de este lunes y regresar a los cien dólares.
La jornada deja una conclusión clara: los precios energéticos pueden bajar con la misma velocidad con que subieron, pero la vulnerabilidad estructural permanece.
Hoy el mundo recibió una tregua.
Todavía no ha recibido la paz.
