
Por: Luis Manuel Gómez Gatón
Santo Domingo; D.N.
3 de junio 2026
Lo declarado por la Asociación Nacional de Detallistas de Gasolinas (Anadegas), en la que advierten la disposición de sus afilados de retirar los verifones de sus establecimientos, da apertura a una multitud de temas propios para el discernimiento y la acción.
Entiéndase que dicha replica, antes que planteamiento, es respuesta a una estructura “crediticia” que devenga, según manifiesta la asociación, entre un 27 y un 30% del beneficio que se genera por cada transacción realizada mediante uso del “plástico”. Cifra que encaja en tamaño como en forma a una mordidas en el trasero de pantalón, cuyo zurcido figura, aveces como risa de impotencia y otras como cicatriz sensitiva a la hora de procurar asiento en mesa de dialogo.
A la luz de los hechos, el conflicto desvela la cara salvaje del quehacer económico de ciertos actores políticos-empresariales-egemonicos, en donde la gestión de servicio aproxima cuasi a la apropiación del sector.
De lo expuesto impera resaltar que la actitud de Anadegas ha provocado la intervención de la Excelentísima señora vicepresidente de la República, Raquel Peña, quien asume la gestión política del Estado para solucionar el impasse, confrontado desde el poder
asociativo-empresarial del gremio.
Este poder debe cobrar fuerzas ahora desde la asociatividad del dominicano “ausente”, presente en las remesas y mudanceras; como desde en las empresas familiares, picapollos colmados, emprendimientos locales, espacios comerciales, tiendas, ferreterías y etcéteras. Actualmente a punto de ser quebradas y sacadas del mercado en su totalidad por capitales extranjeros.
Hoy como ayer; es tiempo de restauración.
