Históricamente, en la República Dominicana hemos abordado la salud meramente como la ausencia de dolor físico. Bajo esa superficie de "alegría caribeña", subyace una crisis silenciosa que ya no puede ser ignorada: la precariedad de la salud mental. Mientras el sistema solo reconoce la "locura" cuando el ciudadano toca fondo y deambula por las calles, la verdadera epidemia invisible —el agotamiento, la depresión funcional y la ansiedad— carcome a las familias ante la falta de inversión en prevención.
La falta de voluntad política se mide en el tiempo y la atención que el liderazgo le dedica a cada problema. Los hechos ocurridos hace unos meses sirven de metáfora para un gobierno que parece preferir el monólogo político al diálogo con la ciencia:
- El silencio impuesto: En una edición de "La Semanal", cuando aún se realizaba dicho encuentro, una profesional de la salud mental que asistió en calidad de invitada solicitó la palabra en más de 14 ocasiones y nunca le fue concedida. Negarles el habla a los expertos, incluso cuando han sido convocados al foro, es el reflejo de una gestión que ignora la urgencia de la salud mental en los espacios de decisión.
- Además: En un almuerzo con el Grupo Corripio el día 07 de agosto de 2025, ante la pregunta sobre ¿Qué políticas públicas se pretenden implementar frente a los grandes problemas de salud mental que reporta la Organización Nacional de Estadística? el mandatario respondió: Cito “Mira Nosotros hemos establecido una política de salud que pienso que es insuficiente, pero yo pienso que aquí hay un problema mundial también con el tema de la forma de encarar la salud mental… evidentemente que necesitamos un relanzamiento de la salud mental y me parece que eso va a pasar en los próximos meses”.
Este día a pesar de reconocer la insuficiencia, la brevedad fue la norma. En contraste, al ser cuestionado sobre si se realizaría una modificación para la reelección, el jefe de Estado dedicó más de 5 minutos a la respuesta de una posible relección que mucho más amplia que a la respuesta de la Salud mental, detallando que la reforma a la Carta Magna y los "candados" institucionales. Blindar la silla presidencial parece ser más urgente que blindar la mente de los dominicanos.
Para tener una idea
El país presenta una alta incidencia de suicidios con fluctuaciones constantes, alcanzando cifras preliminares de 669 casos en 2023, una de las más altas del quinquenio.
Se registraron 651 suicidios, lo que representa una ligera disminución del 2.69% respecto al pico de 2023 (669 casos), aunque la tendencia se mantiene estable y preocupante sobre el promedio de la última década (594 casos).
El 2025 cerró con una cifra que supera la barrera de los 680 casos, consolidándose como uno de los años más críticos de la última década. Este aumento representa un crecimiento sostenido frente a los 669 casos del 2023 y los 651 del 2024.
"El cierre de 2025 con más de 680 suicidios no es una estadística fría, es el grito desesperado de un país que se rompe por dentro. Mientras las respuestas oficiales se dilatan en 'próximos meses', la realidad de las morgues y los hogares dominicanos no puede esperar a que el presupuesto se digne a mirar hacia el bienestar emocional."
El 2026 tiene Proyección Alarmante: En los primeros cuatro meses del año, se han reportado aproximadamente 220 casos, lo que sitúa al 2026 en una trayectoria que podría superar nuevamente los 650 suicidios anuales si no se aplican medidas de choque inmediatas.
"Las cifras del primer cuatrimestre de 2026, con más de 200 vidas perdidas, confirman que no estamos ante un fenómeno pasajero, sino ante una herida abierta que se desangra cada día. Mientras la respuesta gubernamental se mide en promesas de 'relanzamientos futuros' y minutos de televisión dedicados a reformas políticas, los indicadores de la ONE y la Policía Nacional nos gritan que el tiempo se agotó. No se puede blindar una nación si no se empieza por blindar la mente y el alma de sus ciudadanos."
La verdadera urgencia nacional no es cómo se entra o se sale del poder, sino cómo logramos que cuidar la mente deje de ser un privilegio de pocos. Educar para prevenir es vital, pero la educación no sirve de nada si el ciudadano choca con consultas privadas impagables y hospitales públicos desabastecidos.
Se necesitan menos palabras sobre el futuro de una silla presidencial y más acciones para que el psicólogo sea accesible para todos. Si el Ejecutivo puede dedicar tanta energía y tiempo a los candados de la Constitución, es hora de que use esa misma fuerza para abrir las puertas de la salud a un pueblo que se está rompiendo en silencio. La verdadera reforma que el país grita no es política, es humana.
