Víctor Manuel Grimaldi Céspedes
Planteamiento central
Los documentos recientemente dados a conocer dentro del proceso de apertura de los archivos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy, impulsado en 2025 por la orden de desclasificación del presidente Donald J. Trump, están confirmando las investigaciones mías anteriores sobre el golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963.
Como vemos las complementan, las precisan y, en aspectos esenciales, confirman lo que Juan Bosch sostuvo durante décadas.
Bosch dijo siempre que una de las claves ocultas del golpe se encontraba en las acciones clandestinas desarrolladas desde territorio dominicano contra el régimen haitiano de François Duvalier, sin conocimiento ni autorización efectiva del Presidente constitucional de la República Dominicana, y con apoyo de estructuras del gobierno de los Estados Unidos, en particular la CIA, el Special Group encargado de aprobar operaciones encubiertas y los asesores militares o de seguridad estadounidenses que operaban en el país durante la administración de John F. Kennedy.

La importancia de estos documentos no reside únicamente en que procedan de archivos oficiales norteamericanos. Reside en que fueron producidos en el momento mismo de los hechos, por los órganos que manejaban las operaciones encubiertas de la política exterior estadounidense: la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional, el Special Group, la CIA, el Departamento de Estado y la embajada norteamericana en Santo Domingo.
No son memorias tardías, ni recuerdos deformados por los años, ni versiones periodísticas construidas con información incompleta.
Son documentos internos, secretos o confidenciales, escritos por funcionarios que informaban a sus superiores cuando el gobierno de Bosch aún existía o acababa de ser derrocado.
Por eso su valor es decisivo para reconstruir el hilo histórico que une la cuestión haitiana, las operaciones contra Duvalier, la conducta de jefes militares dominicanos, la intervención de organismos estadounidenses y la crisis final del gobierno constitucional.
La tesis que aquí se sostiene es clara: los documentos conocidos hasta ahora demuestran que la CIA y el Special Group habían elaborado planes para utilizar exiliados haitianos en operaciones contra Duvalier; que intentaron obtener un entendimiento secreto con el presidente Bosch para usar territorio dominicano; que Bosch decidió no permitir que la República Dominicana sirviera de base para operaciones militares contra Haití; que, pese a esa negativa, la CIA continuó apoyando grupos de exiliados haitianos y llegó a suministrar armas; que sectores militares dominicanos estaban vinculados a las fuerzas de León Cantave sin que Bosch controlara esas acciones; y que esa situación fue uno de los factores determinantes de la ruptura entre el Presidente constitucional y los jefes militares que terminaron derrocándolo el 25 de septiembre de 1963.
La apertura documental y el origen de los nuevos papeles
El acceso a estos documentos se produjo dentro del proceso más amplio de liberación de materiales vinculados a la colección de registros del asesinato de John F. Kennedy.
La Ley de Registros del Asesinato del Presidente John F. Kennedy, aprobada por el Congreso de los Estados Unidos en 1992, ordenó la revisión y divulgación de los materiales relacionados con ese acontecimiento histórico.
Sin embargo, durante décadas continuaron existiendo retenciones, tachaduras y postergaciones justificadas por razones de seguridad nacional, inteligencia, relaciones exteriores o protección de fuentes.

En enero de 2025, el presidente Donald J. Trump firmó la Orden Ejecutiva 14176, en la cual declaró que era de interés nacional liberar sin demora los registros restantes relacionados con los asesinatos de John F. Kennedy, Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr.
La Casa Blanca sostuvo entonces que las familias y el pueblo estadounidense merecían transparencia y verdad, y los Archivos Nacionales iniciaron una nueva ronda de publicaciones documentales en marzo de 2025, posteriormente actualizada durante ese mismo año.
En ese caudal de documentos aparecieron papeles que, aunque clasificados dentro de la colección Kennedy, no se refieren exclusivamente al asesinato de Dallas.
Muchos de ellos contienen información sobre operaciones encubiertas de la administración Kennedy en el mundo durante 1963.
Esa circunstancia explica por qué documentos relativos a Haití, República Dominicana, Cuba, Brasil, Italia, Bolivia, Vietnam o Guyana Británica se encontraban dentro de ese universo archivístico.
Lo que para el investigador del asesinato de Kennedy puede ser un documento periférico, para el historiador dominicano resulta una pieza central: allí aparecen las discusiones secretas sobre el Caribe en los meses finales de la presidencia de Kennedy y en las semanas previas al derrocamiento de Juan Bosch.

La lectura rigurosa de esos documentos exige, sin embargo, algo más que reproducir una frase llamativa. Exige reconstruir la cadena completa. El periodismo puede encontrar un titular en la expresión de que Bosch “revirtió su intención” de ayudar a sacar a Duvalier del poder; la investigación histórica debe preguntar qué ocurrió antes, qué documento precede a esa frase, qué había aprobado el Special Group, qué decidió Bosch, qué continuó haciendo la CIA, qué hacían los militares dominicanos en la frontera y qué informó el embajador John Bartlow Martin al Departamento de Estado después del golpe. Solo así se evita convertir un fragmento en una conclusión falsa o incompleta.
El documento del 18 de julio de 1963: Bosch se negó a aprobar el plan
El primer documento indispensable es el memorando del 18 de julio de 1963, titulado “Minutes of Special Group Meeting, 18 July 1963”. En esa reunión estuvieron presentes McGeorge Bundy, U. Alexis Johnson, Roswell Gilpatric y John McCone, con la participación del coronel King en el punto relativo a Haití.
El documento informa que, desde que el Special Group aprobó el 20 de junio una propuesta para alcanzar un entendimiento secreto con el presidente Bosch sobre el uso de exiliados haitianos en la República Dominicana, la situación había cambiado.

Ese señalamiento inicial es fundamental: existió una propuesta aprobada por el órgano encargado de supervisar operaciones encubiertas para buscar un arreglo secreto con Bosch respecto al uso de exiliados haitianos en territorio dominicano. Pero el mismo documento explica que el proyecto encontró obstáculos decisivos.
“President Bosch has now decided that he is unwilling to allow such an exile force to use his country as a base for military operations against Duvalier.”
La traducción no admite equívocos: el presidente Bosch había decidido que no estaba dispuesto a permitir que una fuerza de exiliados usara su país como base para operaciones militares contra Duvalier.
Esa frase destruye cualquier lectura superficial según la cual Bosch habría aprobado o colaborado formalmente con la CIA para derrocar al dictador haitiano.
La verdad documental es otra: Washington buscó un entendimiento secreto, pero Bosch se negó a autorizar que la República Dominicana se convirtiera en plataforma militar contra Haití.
El documento añade que los exiliados haitianos eran de poca utilidad por inseguridad, falta de cohesión y ausencia de liderazgo adecuado; que las capacidades de Duvalier habían mejorado por purgas militares, control de las zonas fronterizas y eliminación de los hermanos Barbot; y que, dadas esas circunstancias, el plan existente resultaba impracticable.
El coronel King fue explícito al señalar que todos los involucrados en el proyecto coincidían en que Duvalier debía ser removido de una forma u otra, pero que el plan inicial ya no podía ejecutarse.
Esa conclusión no se debía únicamente a la debilidad de los exiliados ni al fortalecimiento de Duvalier. Se debía también a la negativa de Bosch.
Sin la autorización dominicana para usar el territorio nacional como base de operaciones, el proyecto concebido el 20 de junio perdía su eje operativo. Por eso el documento propuso un nuevo curso de acción: entrenar exiliados seleccionados en inteligencia, comunicaciones y operaciones transfronterizas, posiblemente en una base en Estados Unidos continental o en Puerto Rico; crear una organización clandestina capaz de reunir inteligencia y eventualmente organizar una oposición armada eficaz dentro de Haití; apoyar individuos anti-Duvalier y anticomunistas que pudieran desempeñar un papel en un futuro gobierno haitiano; y fomentar divisiones entre los asesores de Duvalier. La operación no desapareció.
Cambió de forma porque Bosch no permitió que se realizara desde territorio dominicano bajo la modalidad prevista.
El documento del 10 de septiembre de 1963: la CIA seguía operando
El segundo documento clave es el memorando “Board Panel on Covert Action Operations”, fechado el 10 de septiembre de 1963 y producido por A. R. Ash para el archivo de la Casa Blanca.
El memorando resume una reunión del 6 de septiembre en la que el Panel fue informado por Richard Helms, Deputy Director for Plans de la CIA, y por sus asistentes Cord Meyer y Desmond Fitzgerald, este último jefe del equipo de la CIA dedicado a Cuba. Se trataba, por tanto, de una exposición de muy alto nivel sobre operaciones encubiertas.
El documento, clasificado originalmente como Top Secret, abarcaba operaciones en Guyana Británica, Haití, República Dominicana, Vietnam, Italia, Bolivia, Brasil y Cuba. Su sección sobre Haití y República Dominicana es extraordinariamente reveladora porque fue escrita quince días antes del golpe contra Bosch.
“CIA has surveyed the intentions and capabilities of various Haitian exile groups and has supplied them with token amounts of money to test them out. Efforts of the groups to form a united front have failed, and in the Dominican Republic Juan Bosch has reversed his intention to help unseat Duvalier for the present. Ten days ago CIA dropped 100 rifles and ammunition to one Haitian exile group which has been given sanctuary by a Dominican Republic commander stationed on the border.”
Leído aisladamente, ese párrafo puede inducir a un error. Una lectura superficial podría convertir la frase sobre la “intención” de Bosch en la afirmación de que Bosch quería colaborar con la CIA para derrocar a Duvalier.
Pero leída junto al documento del 18 de julio, la frase significa otra cosa: la CIA ya sabía que Bosch había decidido no permitir el uso de la República Dominicana como base para operaciones militares contra Duvalier, y en septiembre seguía registrando que Bosch había revertido o suspendido cualquier disposición anterior a ayudar a remover al dictador haitiano.
El mismo párrafo demuestra que, mientras Bosch se apartaba del plan o se negaba a facilitarlo, la CIA continuaba actuando: había evaluado grupos de exiliados haitianos, les había dado dinero para probarlos y, diez días antes de la reunión, había lanzado cien fusiles y municiones a un grupo de exiliados que recibía santuario de un comandante dominicano en la frontera.
Ese es el corazón del problema. La CIA no estaba simplemente observando a los exiliados haitianos. Los estaba financiando, evaluando y armando. Y esos exiliados no estaban en el vacío: uno de los grupos recibía protección de un comandante dominicano destacado en la frontera.
Si Bosch había negado el uso del territorio dominicano como base de operaciones, pero un comandante dominicano servía de apoyo a un grupo armado de exiliados haitianos, entonces existía una fractura entre la autoridad constitucional del Presidente y sectores militares que actuaban en conexión con una operación clandestina respaldada por los Estados Unidos. Esa fractura ayuda a explicar la gravedad de la crisis final de septiembre de 1963.
La sección dominicana: Bosch no era comunista; el peligro venía de la derecha y del Ejército
El mismo memorando del 10 de septiembre contiene una sección dedicada a la República Dominicana. Allí la CIA afirma que el país carecía de instituciones democráticas sólidas, de una estructura partidaria efectiva, de sindicatos y cooperativas de peso, y que Bosch dedicaba más tiempo a debatir acusaciones de sus adversarios que a administrar el gobierno.
Más importante todavía, el documento describe a Bosch como un “extreme conservative, economically”, es decir, como un conservador extremo en materia económica, porque se negaba a gastar recursos por encima de los ingresos asegurados. También señala que el desempleo de veinte por ciento era un problema mayor, que Bosch había fortalecido su gabinete por sugerencia del embajador estadounidense y que había alcanzado una paz con sectores de la Iglesia con ayuda de la CIA.
Esa descripción resulta decisiva porque desmonta una parte esencial de la propaganda usada contra Bosch en 1963. La propia CIA no lo describía como comunista, ni como procastrista, ni como agente soviético. Al contrario, el documento dice expresamente que Bosch era considerado anti-Castro y antisoviético, aunque no perseguía una cruzada anticomunista general ni había tomado medidas drásticas contra los dominicanos entrenados en Cuba que regresaban al país.
Esa distinción es muy importante: lo que molestaba a los sectores de seguridad no era que Bosch fuera comunista, porque sabían que no lo era; lo que les preocupaba era que no aceptara gobernar mediante una represión anticomunista indiscriminada y que insistiera en preservar un marco constitucional en una sociedad recién salida de treinta y un años de dictadura trujillista.
“Opposition to Bosch is from the right and from parts of the Army… Although Bosch is considered by CIA to be anti-Castro and anti-Soviet, he has not clamped down on returning trainees from Cuba. The twenty per cent unemployment situation provides the basis for a coup in the months ahead. Meanwhile the Army strong-man Embert (one of Trujillo’s assassins) waits in the wings.”
El párrafo es extraordinario. La CIA reconocía que la oposición principal contra Bosch provenía de la derecha y de partes del Ejército.
Reconocía que Bosch era anticastrista y antisoviético. Reconocía que existían condiciones para un golpe. Y mencionaba a Antonio Imbert Barrera como un “hombre fuerte” militar que esperaba entre bastidores.
Todo ello fue escrito el 10 de septiembre de 1963. Quince días después, el gobierno constitucional fue derrocado. Por eso, el documento no puede leerse como una simple nota sobre Haití. Es una radiografía de la crisis dominicana en vísperas del golpe, producida por la propia comunidad de inteligencia norteamericana.
El cable de Martin del 27 de septiembre: Bosch denunció que los militares lo habían engañado
El tercer documento indispensable es el cable confidencial enviado por el embajador John Bartlow Martin al Departamento de Estado el 27 de septiembre de 1963, dos días después del golpe, reproducido facsimilarmente en la página 470 de mi libro Golpe y Revolución.
Ese cable recoge la larga conversación sostenida por Martin con Bosch en el Palacio Nacional durante la madrugada del 25 de septiembre.
Allí Bosch explicó que una de las razones por las cuales se negaba a intentar recomponer la situación con los militares era que estos lo habían engañado. El cable dice que Bosch había afirmado que los oficiales en quienes había confiado y que antes le habían negado la necesidad de cancelar o remover a Wessin y Wessin eran ahora sus enemigos, y que durante su última entrevista con ellos había descubierto que estaban trabajando con Cantave, dándole apoyo en el enfrentamiento reciente entre fuerzas de Duvalier y rebeldes haitianos en la zona de Dajabón.
“Bosch asserted that he had found out only during the last fateful interview that they had been working with Cantave, lending him support in last Monday’s clash between Duvalier forces and Haitian rebels in Dajabon area.”
La observación que Martin añade como comentario es igualmente significativa. El embajador señaló que, aunque Bosch no especificó la naturaleza exacta ni el alcance de la participación de los militares dominicanos en el asunto haitiano, era probable que atacara públicamente a los militares por ese motivo cuando fuera depuesto. Este cable es fundamental porque demuestra que la cuestión haitiana no fue una interpretación posterior añadida por Bosch en el exilio ni una hipótesis surgida años después.
Estaba presente en la madrugada misma del golpe y fue registrada por el embajador de los Estados Unidos apenas dos días después. Martin comunicó a Washington que Bosch había vinculado la traición militar con el apoyo clandestino a Cantave.
Cuando el cable de Martin se lee junto al documento del Special Group del 18 de julio y el memorando de operaciones encubiertas del 10 de septiembre, la convergencia documental es notable.
El 18 de julio se sabe que Bosch se negó a permitir que exiliados haitianos usaran la República Dominicana como base militar contra Duvalier. El 10 de septiembre la CIA informa que sigue apoyando exiliados haitianos, que ha suministrado dinero y armas, y que uno de esos grupos recibe santuario de un comandante dominicano en la frontera.
El 25 de septiembre Bosch le dice a Martin que los militares dominicanos lo engañaron y estaban trabajando con Cantave. El 27 de septiembre Martin envía esa información al Departamento de Estado. Esa secuencia no es una conjetura: está sostenida por documentos oficiales producidos en tiempo real.
La falsa simplificación del golpe
Durante décadas, una versión simplificada presentó el golpe de Estado de 1963 como resultado de un conflicto interno sobre la Constitución, el comunismo, la Iglesia, la propiedad privada, las reformas sociales o el temperamento político de Bosch.
Todos esos factores existieron y formaron parte del clima de tensión. Pero esa explicación es incompleta si se omite la cuestión haitiana.
Los documentos ahora disponibles muestran que, al mismo tiempo que Bosch enfrentaba la oposición de la derecha y de sectores del Ejército, se desarrollaba una operación clandestina contra Duvalier que involucraba a exiliados haitianos, armas, dinero, entrenamiento, planes del Special Group, acciones de la CIA y apoyo de militares dominicanos en la frontera. Esa operación chocaba con la autoridad constitucional de Bosch, quien había decidido no permitir que su país fuera usado como base militar contra Haití.
La crisis militar que desembocó en el golpe no puede reducirse tampoco al tema de Wessin y Wessin.
La discusión sobre la autoridad del Presidente para trasladar mandos militares fue el detonante visible, el pretexto operativo o la coyuntura inmediata. Pero por debajo existía un conflicto más profundo: el Presidente constitucional había descubierto que jefes militares en quienes había confiado estaban vinculados a operaciones clandestinas contra Duvalier y a las fuerzas de León Cantave.
Si Bosch no podía controlar a los jefes militares en un asunto tan grave como la utilización de la frontera dominico-haitiana para acciones armadas relacionadas con una operación respaldada por la CIA, entonces su autoridad presidencial estaba siendo vaciada desde dentro.
La diferencia entre renunciar conforme a la Constitución y ser arrestado por los militares es también esencial.
Si Bosch hubiese formalizado una renuncia ante el Congreso, conforme al orden constitucional de 1963, el proceso habría entrado en una dimensión política distinta.
El Congreso podía rechazar la renuncia, los sectores populares podían movilizarse y la legalidad constitucional podía convertirse en el centro del conflicto.
Por eso el arresto del Presidente no fue un detalle secundario: fue la forma de impedir que la crisis se resolviera dentro del marco constitucional.
La fuerza sustituyó al procedimiento. La decisión militar sustituyó a la voluntad popular expresada en las elecciones de 1962.
Y esa ruptura fue precisamente lo que el movimiento constitucionalista de abril de 1965 intentaría reparar al levantar la bandera del retorno a la Constitución de 1963 y del restablecimiento del Presidente constitucional.
El papel de los asesores y operadores estadounidenses
La documentación conocida hasta ahora permite afirmar que el gobierno de los Estados Unidos no era un observador inocente de la cuestión haitiana.
El Special Group había aprobado un plan. La CIA estaba evaluando, financiando, entrenando o apoyando a grupos de exiliados. Se había considerado el uso de la República Dominicana como base. Se contemplaba entrenamiento en Estados Unidos continental o Puerto Rico.
Se hablaba de inteligencia, comunicaciones, operaciones transfronterizas, organización clandestina y subversión dentro del régimen de Duvalier. El memorando del 10 de septiembre indica incluso que la CIA había lanzado cien fusiles y municiones a un grupo de exiliados haitianos. Estas no son acciones diplomáticas ordinarias. Son operaciones clandestinas.
En ese contexto debe analizarse también la actuación de los asesores militares y de seguridad estadounidenses en Santo Domingo, incluidos los funcionarios vinculados a programas de asistencia pública, seguridad pública y cooperación militar.
La afirmación de que jefes militares dominicanos actuaban confabulados con la CIA y con asesores norteamericanos no debe entenderse como una frase retórica, sino como una hipótesis documentalmente sostenida por la convergencia de los papeles conocidos: el plan del Special Group, la negativa de Bosch, la continuidad de las operaciones, el apoyo logístico a exiliados haitianos, el santuario otorgado por un comandante dominicano en la frontera y la denuncia de Bosch a Martin sobre el apoyo militar a Cantave. La cadena no está completa en todos sus eslabones, como ocurre muchas veces con las operaciones encubiertas, pero los documentos ya publicados muestran suficientemente la estructura del problema.
Lo más importante es que la conducta de Bosch no aparece como complicidad con una operación clandestina, sino como resistencia a que la República Dominicana fuera utilizada de esa manera.
Bosch no era un gobernante comunista infiltrado por Cuba, como decían sus enemigos. Tampoco era un presidente dispuesto a entregar la soberanía dominicana a una operación de la CIA contra Haití.
Los documentos lo muestran en una posición mucho más difícil y trágica: un presidente democrático, anticastrista y antisoviético, pero constitucionalista, que se negó a permitir operaciones militares desde su territorio y que terminó enfrentado a jefes militares que, según su propia denuncia ante el embajador Martin, lo habían engañado y estaban vinculados a Cantave.
La investigación previa y la confirmación posterior
Cuando en septiembre de 1985 se publicó El Misterio del Golpe de 1963, con la presencia de Juan Bosch en el acto de puesta en circulación, muchos de estos documentos permanecían cerrados.
La investigación debió realizarse entonces con las fuentes disponibles: testimonios, entrevistas, prensa de la época, documentos desclasificados de forma parcial y reconstrucción crítica de los acontecimientos.
Más tarde, en Golpe y Revolución, se reprodujeron facsímiles documentales, entre ellos el cable de Martin del 27 de septiembre de 1963, que permitían ver que Bosch había planteado la cuestión haitiana desde el mismo momento del golpe. Esa investigación no queda invalidada por los documentos nuevos. Al contrario: queda complementada, fortalecida y situada dentro de una cadena documental más amplia.
La aparición de los documentos del Special Group y del memorando de operaciones encubiertas de la Casa Blanca permite observar lo que en 1985 no podía verse con igual claridad: el proceso interno de aprobación, revisión y reformulación de las operaciones estadounidenses contra Duvalier; la negativa de Bosch a permitir el uso militar de territorio dominicano; la persistencia de la CIA en trabajar con exiliados haitianos; y la percepción de los organismos estadounidenses de que el gobierno de Bosch estaba amenazado por la derecha y sectores militares.
La investigación rigurosa consiste precisamente en eso: no aferrarse a una conclusión por orgullo personal, sino confrontarla con nuevos documentos. Cuando los nuevos documentos convergen con las conclusiones anteriores, el resultado no es una derrota de la investigación previa, sino su confirmación histórica.
En este caso, la convergencia es especialmente importante porque procede de fuentes distintas. El documento del 18 de julio surge del Special Group. El memorando del 10 de septiembre procede del panel de operaciones encubiertas informado por altos funcionarios de la CIA.
El cable del 27 de septiembre procede del embajador John Bartlow Martin. Los testimonios de Bosch proceden del protagonista derrocado. La investigación dominicana previa procede del trabajo documental realizado durante décadas. Cuando esas líneas separadas coinciden en el papel de Haití, de Cantave, de los militares dominicanos y de la CIA, el historiador debe tomar nota: no se trata de una ocurrencia, sino de un patrón documental.
Conclusión
Los documentos recientemente abiertos como consecuencia del proceso de desclasificación de los archivos Kennedy bajo la orden del presidente Donald Trump confirman una dimensión esencial de lo que Juan Bosch sostuvo durante años: las acciones clandestinas contra François Duvalier desarrolladas desde o en relación con la República Dominicana, sin conocimiento ni control efectivo del Presidente constitucional, fueron un factor determinante en la crisis que condujo al golpe de Estado del 25 de septiembre de 1963.
No fueron el único factor, porque el golpe también respondió a la oposición de la derecha, al miedo de sectores económicos, a la hostilidad de parte de la jerarquía conservadora, a la indisciplina militar y al clima de Guerra Fría.
Pero sí fueron un factor decisivo, porque tocaron el núcleo de la autoridad presidencial, la soberanía territorial, la subordinación militar al poder civil y la relación secreta entre jefes militares dominicanos y organismos estadounidenses.
La frase “Bosch tuvo intenciones de colaborar con la CIA para derrocar a Duvalier” no expresa correctamente el conjunto documental.
La lectura rigurosa debe decir otra cosa: el Special Group intentó promover un entendimiento secreto con Bosch para utilizar exiliados haitianos en territorio dominicano; Bosch decidió no permitir que esa fuerza usara su país como base militar contra Duvalier; la CIA continuó operando con exiliados haitianos y suministró armas a un grupo protegido por un comandante dominicano en la frontera; Bosch descubrió que militares dominicanos estaban vinculados a Cantave y se lo dijo al embajador Martin en la madrugada del golpe; y Martin comunicó esa información a Washington dos días después. Esa es la secuencia que los documentos permiten reconstruir.
La historia de 1963 no se esclarece con titulares fáciles. Se esclarece con documentos leídos en serie, con memoria histórica, con conocimiento de los protagonistas y con rigor metodológico.
Los papeles que ahora han salido de los archivos norteamericanos no hacen sino añadir nuevas pruebas a una investigación que comenzó hace décadas.
Por eso, más que una revelación aislada, constituyen una confirmación: Bosch no inventó el problema haitiano para justificar su caída.
Bosch vio, denunció y sufrió una operación clandestina que se desarrollaba en el subsuelo de la política caribeña, donde la CIA, el Special Group, los militares dominicanos y los planes contra Duvalier se cruzaron con el destino de la primera democracia dominicana nacida después de la muerte de Trujillo.
Fuentes documentales citadas y utilizadas
1. “Minutes of Special Group Meeting, 18 July 1963”, documento desclasificado de la administración Kennedy, punto 2, “Haiti – Political Action”, sobre la propuesta aprobada el 20 de junio de 1963 para alcanzar un entendimiento secreto con el presidente Bosch respecto al uso de exiliados haitianos en la República Dominicana, la negativa de Bosch a permitir operaciones militares desde su país y la reformulación del plan de la CIA.
2. “Board Panel on Covert Action Operations”, memorando de A. R. Ash, The White House, Washington, 10 de septiembre de 1963, President’s Foreign Intelligence Advisory Board, Record Number 206-10001-10016, originalmente Top Secret, liberado dentro de la President John F. Kennedy Assassination Records Collection Act. El documento resume la exposición de Richard Helms, Cord Meyer y Desmond Fitzgerald sobre operaciones encubiertas en Guyana Británica, Haití, República Dominicana, Vietnam, Italia, Bolivia, Brasil y Cuba.
3. Cable confidencial del embajador John Bartlow Martin al Departamento de Estado, 27 de septiembre de 1963, reproducido facsimilarmente en Víctor Grimaldi, Golpe y Revolución, p. 470, donde se informa que Bosch dijo haber descubierto que militares dominicanos trabajaban con León Cantave y le prestaban apoyo en el choque entre fuerzas de Duvalier y rebeldes haitianos en el área de Dajabón.
4. Víctor Grimaldi, El Misterio del Golpe de 1963, publicado en septiembre de 1985; acto de puesta en circulación celebrado el 25 de septiembre de 1985 en el Museo Nacional de Historia y Geografía, con la presencia de Juan Bosch, reseñado por Listín Diario el 26 de septiembre de 1985.
5. Víctor Grimaldi, Golpe y Revolución. El derrocamiento de Juan Bosch y la intervención norteamericana, obra que reproduce documentos facsimilares sobre el golpe de 1963, la crisis constitucional y la intervención estadounidense de 1965.
6. Orden Ejecutiva 14176, “Declassification of Records Concerning the Assassinations of President John F. Kennedy, Senator Robert F. Kennedy, and the Reverend Dr. Martin Luther King, Jr.”, firmada por el presidente Donald J. Trump el 23 de enero de 2025.
7. National Archives and Records Administration, “JFK Assassination Records – 2025 Documents Release”, publicación y actualizaciones de los registros liberados en 2025 dentro de la colección de documentos del asesinato del presidente Kennedy.
Documentos:
